¿Qué es y cómo se logra la consciencia de enfermedad?

Efrain Rodas

9/5/20263 min read

La conciencia de enfermedad es la capacidad de una persona para reconocer que algunas de las experiencias, dificultades o cambios que atraviesa forman parte de un trastorno y que, por ese motivo, puede necesitar tratamiento, acompañamiento o determinadas estrategias para sostener su estabilidad. No consiste simplemente en saber el nombre de un diagnóstico ni en aceptar lo que otra persona afirma sobre uno mismo. Implica poder construir una explicación sobre lo que ocurre y utilizarla para tomar decisiones.

Una persona puede, por ejemplo, decir “tengo esquizofrenia” y al mismo tiempo considerar que las voces que escucha provienen efectivamente de personas que hablan de ella. También puede reconocer que estuvo internada, tomar medicación y concurrir a controles, pero atribuir todo lo sucedido exclusivamente a una conspiración, un conflicto familiar o alguna otra explicación que no incluya la posibilidad de estar atravesando síntomas. Por eso, conocer el diagnóstico y tener conciencia de enfermedad no son exactamente lo mismo.

La conciencia de enfermedad tampoco funciona necesariamente como un interruptor que está encendido o apagado. Puede ser parcial, fluctuar y presentar diferencias entre distintos aspectos de la experiencia. Una persona puede reconocer algunas dificultades y no otras; comprender retrospectivamente que atravesó un episodio psicótico, pero perder esa capacidad durante una nueva descompensación; o advertir que determinada experiencia podría ser un síntoma sin estar completamente convencida de ello.

¿Por qué puede ser tan difícil construirla?

Cuando observamos desde afuera una conducta o una creencia que nos resulta extraña, puede parecernos incomprensible que la persona no advierta que algo está ocurriendo. Pero para ella esa experiencia está sucediendo desde el interior de su propia percepción e interpretación de la realidad.

Si alguien escucha una voz que experimenta como proveniente del exterior, decirle simplemente “esa voz no existe” no le proporciona automáticamente una explicación mejor para aquello que acaba de experimentar. Del mismo modo, si una persona construyó una certeza delirante, presentar argumentos en contra puede no modificarla. La información nueva será interpretada desde la misma organización de significados que intentamos cuestionar.

Por eso, intentar producir conciencia de enfermedad mediante discusiones, confrontaciones permanentes o repitiendo “tenés que aceptar que estás enfermo” suele ser insuficiente y puede aumentar el conflicto.

Entonces, ¿cómo se logra la conciencia de enfermedad?

La conciencia de enfermedad se construye progresivamente. Y construirla supone aprendizaje.

Una de las herramientas más importantes es la psicoeducación: poder conocer qué es el trastorno, qué características puede presentar, cómo se manifiesta particularmente en esa persona, qué ocurrió antes de episodios anteriores, qué consecuencias tuvieron determinadas decisiones y qué cambios aparecieron con el tratamiento.

No alcanza con transmitir información general. Esa información necesita poder relacionarse con la propia experiencia.

En lugar de exigir inmediatamente: “eso que pensabas era un delirio”, puede ser necesario reconstruir junto con la persona qué ocurrió. ¿Qué estaba pasando antes? ¿Dormía? ¿Había comenzado a aislarse? ¿Qué empezó a interpretar de manera diferente? ¿Qué sucedió después? ¿Qué cambió cuando recibió tratamiento? ¿Volvió a ocurrir algo parecido? Reconocer regularidades permite transformar experiencias aisladas en conocimiento sobre uno mismo.

Esto requiere tiempo, repetición y, muchas veces, atravesar diferentes momentos de estabilidad. Una experiencia pasada puede adquirir un significado nuevo cuando puede ser pensada desde otro estado psíquico.

Conciencia de enfermedad no es obediencia

Esta diferencia es fundamental. Conseguir que una persona tome una medicación porque su familia insiste, porque teme una internación o porque el profesional se lo indicó no significa necesariamente que haya desarrollado conciencia de enfermedad.

La adherencia puede existir sin comprensión. Y también puede comenzar de ese modo para después transformarse.

El objetivo de la psicoeducación no debería ser conseguir que alguien diga “ustedes tenían razón y yo estaba equivocado”, sino ayudarlo a construir herramientas que le permitan reconocer qué le ocurre, identificar señales de cambio, comprender para qué realiza un tratamiento y participar progresivamente de las decisiones vinculadas con su cuidado.

Por eso la conciencia de enfermedad tiene una relación profunda con la autonomía. Cuanto mejor puede una persona comprender su propia experiencia, más posibilidades tiene de intervenir sobre ella.

No siempre se logra de una vez, ni de manera completa, ni permanece inalterable para siempre. Pero cada relación que la persona consigue establecer entre aquello que experimentó, sus consecuencias y las herramientas que le permitieron recuperar estabilidad puede convertirse en un aprendizaje disponible para el futuro.

La conciencia de enfermedad, entonces, no debería pensarse solamente como aceptar que se tiene un trastorno. Es algo mucho más complejo y valioso: aprender a reconocer qué nos ocurre para poder construir una posición activa frente a ello.

Fuente

Autora: Karina Agüero

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