Esquizofrenia

Efrain Rodas

12/31/20262 min read

La esquizofrenia es un diagnóstico utilizado para describir un conjunto de manifestaciones que pueden incluir delirios, alucinaciones, desorganización del pensamiento y del lenguaje, cambios en el comportamiento, aislamiento o disminución de la expresión emocional. Sin embargo, comprender qué significa este diagnóstico requiere distinguirlo de otro concepto con el que suele confundirse: psicosis.

Esquizofrenia y psicosis no son sinónimos.

Desde la perspectiva desarrollada en El ABC de la salud mental, existen dos maneras diferentes de aproximarse a estos fenómenos. Una clasificación diagnóstica como la del DSM parte fundamentalmente de aquello que puede observarse: reúne síntomas, establece criterios y, según su combinación, duración y características, construye categorías diagnósticas. La perspectiva estructural, en cambio, intenta comprender cómo está organizado el psiquismo que produce esas manifestaciones.

¿Es lo mismo tener esquizofrenia que tener una estructura psicótica?

La psicosis es una estructura psíquica, es decir, una determinada forma de organización del psiquismo, de habitar el lenguaje, construir significados, interpretar la realidad y relacionarse con los otros. La esquizofrenia, en cambio, es una categoría diagnóstica.

Esta diferencia permite comprender algo fundamental: una persona con estructura psicótica no necesariamente se encuentra delirando, alucinando o atravesando un brote psicótico de manera permanente. Puede permanecer compensada durante largos períodos. La estructura no es lo mismo que la descompensación ni que los síntomas que pueden aparecer durante ella.

¿Qué puede ocurrir en una descompensación?

Frente a determinadas experiencias emocional o simbólicamente intensas, una persona de estructura psicótica puede encontrar dificultades para elaborar la experiencia. Cuando aquello que sucede no logra integrarse mediante palabras, representaciones o significados y suficientemente estables, puede producirse una conmoción simbólica.

Inicialmente pueden aparecer aislamiento, repliegue o cambios en la expresión emocional. Posteriormente pueden presentarse fenómenos como delirios, alucinaciones y desorganización del pensamiento, del lenguaje o del comportamiento. Esto tampoco significa que cualquiera de esos síntomas, considerado aisladamente, permita diagnosticar esquizofrenia.

Entonces, ¿qué significa el diagnóstico?

El diagnóstico de esquizofrenia permite nombrar y clasificar determinado conjunto de manifestaciones clínicas. Pero una clasificación no explica por sí sola toda la subjetividad de una persona.

Por eso, es importante ir más allá de preguntar qué síntomas tiene. También importa comprender cómo esa persona organiza el lenguaje, construye significados, interpreta aquello que vive, se relaciona con la realidad y responde frente a experiencias que requieren elaboración.

La esquizofrenia puede nombrar un diagnóstico. Pero ningún diagnóstico alcanza, por sí solo, para explicar cómo está organizado un sujeto ni quién es esa persona.

Fuente

Autora: Karina Agüero

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