Fases de una descompensación
Una descompensación psíquica no necesariamente ocurre de un momento para otro. Aunque desde afuera pueda parecer que una persona “estaba bien” y repentinamente tuvo un brote, muchas veces existen modificaciones previas que adquieren sentido cuando se las observa como parte de un proceso. Sin embargo, hablar de fases de una descompensación no significa que todas las personas atraviesen una sucesión idéntica de etapas ni que exista una secuencia rígida que permita anticipar exactamente qué ocurrirá.
Podemos pensar las fases como momentos diferentes dentro de un proceso que puede avanzar, retroceder, detenerse o manifestarse de maneras distintas en cada sujeto.
En un primer momento pueden aparecer cambios respecto del funcionamiento habitual. Alteraciones del sueño, mayor aislamiento, dificultades para sostener actividades, modificaciones en los vínculos, en el pensamiento o en la manera de interpretar determinadas situaciones pueden funcionar como señales de que algo está cambiando. Ninguno de estos elementos, considerado aisladamente, permite afirmar que una persona se está descompensando.
En un segundo momento puede aumentar la activación. En Cuando la certeza reemplaza al pensamiento, la activación no designa simplemente estar nervioso, angustiado o emocionalmente alterado. Se refiere a un estado en el cual el sistema cuerpo–afecto–lenguaje alcanza un nivel de excitación que comienza a comprometer la mediación psíquica.
A medida que esto ocurre puede aparecer un debilitamiento de la capacidad de tomar distancia de aquello que se piensa o percibe. La duda, la espera y la posibilidad de considerar otras interpretaciones pueden volverse cada vez más difíciles. Algo que inicialmente podía ser una sospecha puede comenzar a experimentarse como evidencia.
En el momento de mayor activación, el pensamiento puede dejar de funcionar como mediación. Aquello que aparece se vive como inmediato, evidente u obligatorio: disminuye la distancia entre percepción, verdad y acción. En un episodio psicótico pueden aparecer entonces delirios, alucinaciones, desorganización u otras alteraciones importantes del criterio de realidad.
Pero descompensación, activación y brote no son sinónimos. El texto señala expresamente que todo brote implica activación, pero no toda activación constituye un brote, y que esta puede presentarse antes, durante o después de él.
Finalmente puede producirse un descenso de la activación. Esto no significa que todo vuelva inmediatamente al estado anterior. Significa que progresivamente puede recuperarse la capacidad de esperar, dudar, conversar y pensar sobre aquello que ocurrió.
Por eso una descompensación no debería pensarse solamente a partir de su momento más visible. Comprender el proceso permite mirar también qué ocurrió antes, qué cambió durante el episodio y qué necesita ser elaborado después.
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