Adherencia al tratamiento

Efrain Rodas

9/5/20263 min read

La adherencia al tratamiento se refiere a la posibilidad de una persona de comprender, aceptar y sostener las indicaciones y estrategias terapéuticas necesarias para su cuidado. Puede involucrar la toma de medicación, pero no se reduce a ella: también puede incluir consultas, psicoterapia, psicoeducación, cambios en determinadas prácticas, seguimiento profesional y otras intervenciones acordadas como parte del tratamiento.

A primera vista podría parecer sencillo: un profesional indica un tratamiento y el paciente lo cumple. Sin embargo, pensar la adherencia de esta manera convierte rápidamente un problema complejo en una cuestión de obediencia. El paciente “cumple” o “no cumple”. “Toma” o “no toma”. “Hace caso” o “no hace caso”.

Desde una perspectiva psicoeducativa, la pregunta es diferente: ¿qué necesita comprender una persona para poder participar activamente de su tratamiento y sostenerlo en el tiempo?

En ¿Qué es la psicoeducación? se plantea que los problemas de adherencia pueden estar relacionados con fallas en la transmisión pedagógico-didáctica de aquello que el paciente necesita saber sobre su propio trastorno. Si una persona no comprende qué le sucede, para qué recibe determinado tratamiento, qué puede esperar de él o qué efectos puede experimentar, resulta mucho más difícil que pueda apropiarse de ese tratamiento como una herramienta para su cuidado.

Esto permite distinguir adherencia al tratamiento de conciencia de enfermedad. Tener conciencia de enfermedad implica poder reconocer y comprender, en algún grado, aquello que nos ocurre. La adherencia, en cambio, se refiere a la relación que construimos con el tratamiento y a la posibilidad de sostenerlo. Son procesos relacionados, pero no idénticos.

Una persona puede reconocer que tiene un trastorno y, sin embargo, abandonar una medicación porque no comprende sus efectos adversos, porque siente que no fue escuchada, porque no entiende para qué la toma o porque aquello que experimenta entra en conflicto con lo que esperaba del tratamiento.

Una persona relata que su psiquiatra no le explicó los posibles efectos adversos de la medicación y que tuvo que informarse por su cuenta. La respuesta señala que informar no significa asustar al paciente: significa responsabilizarlo, permitirle comprender aquello que atraviesa su cuerpo y favorecer tanto la conciencia de enfermedad como la adherencia. Por eso la información forma parte del tratamiento.

Explicar qué se está indicando, para qué, qué efectos pueden aparecer y qué hacer frente a ellos permite que el sujeto no quede solo ante cambios que desconoce. Un efecto adverso inesperado puede interpretarse como señal de que el tratamiento “hace mal” y favorecer su abandono; ese mismo efecto, anticipado y comprendido, puede convertirse en algo que la persona sabe reconocer y consultar.

En cuadros psicóticos aparece otra dificultad. Durante una descompensación puede deteriorarse progresivamente el criterio de realidad y la persona puede reinterpretar aquello que le sucede, incluso decidir abandonar la medicación. Precisamente por eso se destaca la importancia de construir comprensión antes de que la crisis alcance ese punto, tanto en el paciente como en quienes lo acompañan.

La adherencia, entonces, no debería pensarse como sumisión a una indicación profesional. Adherir a un tratamiento supone poder incorporarlo con algún grado de comprensión a la propia experiencia y participar activamente de su sostenimiento.

La psicoeducación puede favorecer ese proceso porque transforma una indicación externa —“tenés que hacer esto”— en un conocimiento que el sujeto puede comprender: qué le sucede, por qué necesita determinado tratamiento, qué función cumple, qué dificultades pueden aparecer y qué recursos posee frente a ellas.

Por eso, cuando una persona no sostiene un tratamiento, además de preguntarnos “¿por qué no cumple?”, necesitamos preguntarnos algo mucho más productivo: ¿Qué necesita comprender para poder apropiarse de su tratamiento y participar de él?

Ahí adherencia y psicoeducación se encuentran: el objetivo no es conseguir un paciente obediente, sino un sujeto que disponga de conocimientos y herramientas suficientes para participar de las decisiones y prácticas destinadas a sostener su propia estabilidad.

Fuente

Autora: Karina Agüero

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