¿Qué es la psicoeducación?
La psicoeducación es un proceso de aprendizaje orientado a que una persona pueda comprender aquello que le sucede, construir herramientas para relacionarse con su experiencia y transformar la posición desde la cual la interpreta y actúa frente a ella. Puede involucrar a quien atraviesa un padecimiento psíquico, a su familia, a sus vínculos y también a la comunidad.
Habitualmente se la define como la transmisión de información acerca de un trastorno mental: conocer sus características, síntomas, tratamientos, factores de riesgo, señales de recaída o estrategias para acompañar. Esta definición es correcta, pero resulta insuficiente.
Porque informarse no es necesariamente comprender y comprender no es simplemente acumular información.
Una persona puede conocer perfectamente la definición de esquizofrenia y no comprender qué significa aquello que está atravesando su familiar. Puede memorizar una lista de síntomas y no saber cómo acompañar una situación concreta. Puede recibir indicaciones técnicamente correctas y no conseguir apropiarse de ellas ni incorporarlas a su vida cotidiana.
Por eso la psicoeducación no puede reducirse a transmitir conocimientos desde alguien que sabe hacia alguien que no sabe.
¿Cómo surgió la psicoeducación?
Uno de sus antecedentes fundamentales se encuentra en las investigaciones desarrolladas por el sociólogo británico George W. Brown sobre personas con esquizofrenia. Sus estudios comenzaron a observar algo que ampliaba la mirada centrada exclusivamente en el individuo: las recaídas también parecían relacionarse con determinadas características del ambiente familiar.
Al estudiar la comunicación dentro de las familias se prestó atención no solamente a lo que se decía, sino también a cómo se decía: el tono, la intensidad emocional, las críticas, la hostilidad y la sobreimplicación.
De allí surgieron las investigaciones sobre Emoción Expresada Alta, que mostraron una relación entre determinados climas familiares y una mayor frecuencia de recaídas.
Esto produjo un desplazamiento fundamental: si el entorno podía participar de las condiciones que favorecían o dificultaban la estabilidad, entonces trabajar solamente con la persona diagnosticada no era suficiente. Había que trabajar también con quienes convivían con ella.
Durante la década de 1980 comenzaron a formalizarse programas de intervención familiar que incorporaban información sobre el trastorno, estrategias de comunicación, resolución de problemas y herramientas para afrontar situaciones cotidianas. La familia dejaba de ocupar solamente el lugar de observadora para convertirse también en participante del proceso.
De informar a transformar
Sin embargo, la psicoeducación puede estar conservanado una lógica profundamente verticalista. El profesional sabe. El paciente y la familia no saben. El profesional explica. Los demás escuchan y cumplen indicaciones.
El texto ¿Qué es la psicoeducación? cuestiona precisamente esa herencia del modelo biomédico. El problema no está en el conocimiento científico ni en brindar información —ambos son necesarios—, sino en creer que transmitirlos alcanza para producir comprensión. Psicoeducar requiere preguntarnos qué puede hacer una persona con aquello que aprende.
La información necesita encontrarse con una historia, conocimientos previos, vínculos, experiencias y significados. Necesita poder ser apropiada por un sujeto.
Por eso la psicoeducación también involucra procesos de aprendizaje, lenguaje y simbolización. Aprender acerca de aquello que nos sucede puede permitir nombrar experiencias, relacionarlas, construir nuevas interpretaciones y reorganizar la manera en que nos posicionamos frente a ellas. La persona deja entonces de ser solamente receptora de indicaciones. Puede preguntar, comprender, elaborar, tomar decisiones, reconocer recursos, revisar formas de vincularse y participar activamente en aquello que afecta su propia vida.
Lo mismo ocurre con una familia. Psicoeducarse no consiste simplemente en aprender qué debe hacer frente a un diagnóstico. También puede implicar revisar qué entiende por enfermedad, cuidado, autonomía, protección, crisis, recuperación o acompañamiento; reconocer cómo circula el lenguaje dentro de sus vínculos y transformar prácticas que quizá fueron construidas desde el miedo o el desconocimiento.
Por eso psicoeducar no es decirle a alguien qué tiene que pensar. Es generar condiciones para que pueda comprender mejor aquello que vive y construir herramientas para intervenir sobre su propia experiencia.
Desde esta perspectiva, podemos definir la psicoeducación como un proceso de aprendizaje y transformación subjetiva mediante el cual una persona, una familia o una comunidad puede acceder a conocimientos, apropiarse de ellos, relacionarlos con su experiencia, construir nuevos significados y desarrollar recursos para comprender y actuar frente a aquello que le sucede.
Su objetivo no es convertir a las personas en especialistas. Es algo mucho más importante: que el conocimiento deje de pertenecer exclusivamente al profesional y pueda transformarse en una herramienta para quien tiene que vivir con aquello que ese conocimiento intenta explicar.
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