¿Cómo tratar a una persona con un trastorno mental?
Cuando preguntamos cómo tratar a una persona con un trastorno mental, la primera respuesta puede parecer demasiado sencilla: como a una persona.
Un diagnóstico puede ayudarnos a comprender determinadas dificultades, síntomas o necesidades de cuidado, pero no reemplaza la identidad de quien lo recibe. Una persona no se convierte en su trastorno ni todas sus conductas pueden explicarse a partir de él.
Esto parece evidente. Sin embargo, después de un diagnóstico es frecuente que familiares y personas cercanas comiencen a interpretar prácticamente todo desde esa categoría: si se enoja, “es por el trastorno”; si está triste, “está descompensándose”; si toma una decisión con la que no estamos de acuerdo, “no comprende lo que hace”.
El diagnóstico puede ayudarnos a comprender. No debería borrar al sujeto.
Comprender no significa infantilizar
Una persona puede necesitar ayuda en determinadas áreas y conservar autonomía en muchas otras.
En ¿Qué es la psicoeducación? se cuestiona especialmente la idea de que alguien con un trastorno mental no puede comprender aquello que le sucede. Cuando suponemos de antemano que no entenderá, podemos terminar hablando solamente con su familia, ocultándole información o tomando decisiones sin explicárselas.
Psicoeducar supone exactamente lo contrario: ofrecer información, explicar, escuchar preguntas y permitir que la persona participe de su propio cuidado siempre que pueda hacerlo. Necesitar acompañamiento no convierte automáticamente a un adulto en un niño.
¿Hay que tratarlo diferente?
En algunas situaciones, sí pueden necesitarse formas específicas de acompañamiento. Durante una descompensación psicótica, por ejemplo, discutir para demostrar que una certeza delirante es falsa puede aumentar el conflicto. Comprender que aquello que la persona experimenta posee para ella valor de realidad permite acompañarla sin necesidad de confirmar el delirio ni enfrentarse permanentemente con él.
También pueden existir momentos en los que sea necesario asumir una participación mayor en el cuidado, contactar al equipo tratante o buscar asistencia urgente. Pero una crisis no define toda la relación. Cuando la persona recupera estabilidad, también debe poder recuperar progresivamente los espacios de decisión y autonomía que pueda sostener.
La persona sigue estando ahí
Acompañar implica aprender sobre el trastorno, reconocer síntomas y señales de descompensación y comprender qué recursos favorecen la estabilidad.
Pero también implica algo mucho más elemental: seguir viendo a la persona que existe además del diagnóstico. Sus opiniones, deseos, límites, proyectos, enojos, gustos y decisiones no son automáticamente síntomas.
Por eso, quizás la mejor respuesta a cómo tratar a una persona con un trastorno mental sea combinar dos movimientos: conocer suficientemente aquello que le sucede para no ignorar sus necesidades y recordar suficientemente quién es para no convertir todo lo que hace en una manifestación de su diagnóstico.
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