¿Qué es una descompensación psíquica?
Una descompensación psíquica ocurre cuando los recursos que una persona utiliza habitualmente para sostener su equilibrio dejan de ser suficientes para elaborar aquello que está viviendo. No es algo exclusivo de la psicosis: cualquier estructura psíquica puede descompensarse.
Podemos imaginar la estructura psíquica como la estructura de una casa. Mientras las condiciones son relativamente estables, distintas casas pueden parecer igualmente firmes. Pero frente a una tormenta, una inundación o un viento intenso, cada construcción responderá de acuerdo con los materiales y recursos con los que está sostenida. Algo semejante ocurre con el psiquismo.
A lo largo de la vida atravesamos experiencias que exigen un trabajo de elaboración: la muerte de alguien querido, una separación, un hecho traumático, pero también acontecimientos deseados como recibirnos, casarnos, convertirnos en padres o asumir nuevas responsabilidades. No es necesario que algo sea negativo para que produzca una exigencia psíquica importante.
¿Todas las personas se descompensan de la misma manera?
La forma de descompensarse depende de cómo está organizado el psiquismo.
Desde la perspectiva desarrollada en El ABC de la salud mental, las estructuras psíquicas son diferentes formas de habitar el lenguaje, organizar la experiencia y relacionarse con los otros y con la realidad. Por eso, una misma situación puede producir respuestas muy diferentes.
En una estructura neurótica, una descompensación puede expresarse mediante ansiedad, insomnio, síntomas corporales, inhibiciones, obsesiones o estados depresivos, sin que necesariamente se produzca una ruptura con la realidad compartida. La persona suele poder reconocer: “estoy mal”, “esto me está pasando”, “necesito ayuda”.
En una estructura psicótica, determinadas experiencias emocional o simbólicamente intensas pueden resultar más difíciles de integrar. Cuando aquello que sucede no logra traducirse en palabras, representaciones o significados estables, puede producirse una conmoción simbólica. La persona comienza a perder los recursos que hasta entonces sostenían su organización y pueden aparecer aislamiento, repliegue, alteraciones del pensamiento o del lenguaje y, posteriormente, delirios o alucinaciones.
Esto permite comprender una diferencia fundamental: descompensación y psicosis no son sinónimos. Una persona neurótica puede descompensarse sin volverse psicótica y una persona con estructura psicótica puede encontrarse compensada sin presentar delirios ni alucinaciones.
¿Qué puede provocar una descompensación?
No existe necesariamente un acontecimiento que, por sí mismo, “cause” una descompensación. Lo importante es la relación entre la exigencia que una experiencia produce y los recursos disponibles para elaborarla.
Por eso, comprender una descompensación no consiste solamente en preguntar “¿qué le pasó?”, sino también qué significó aquello que ocurrió para esa persona, cómo pudo elaborarlo y qué recursos tenía para sostenerlo.
La estructura no es el problema en sí misma. Lo que puede producir sufrimiento es el momento en que el equilibrio que permitía a una persona habitar el mundo deja de resultar suficiente. Y justamente por eso reconocer cómo se descompensa cada estructura permite comprender mejor qué está ocurriendo y qué tipo de sostén puede necesitar.
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