¿Qué ocurre con el pensamiento durante una descompensación?
Pensar no consiste solamente en que aparezcan ideas en nuestra cabeza. Pensar supone poder establecer cierta distancia respecto de ellas: preguntarnos si son ciertas, relacionarlas con otras experiencias, considerar explicaciones diferentes, esperar antes de actuar y modificar una conclusión cuando aparece nueva información.
Durante una descompensación, especialmente cuando aumenta la activación, algunas de estas operaciones pueden comenzar a debilitarse.
La cuestión central no es necesariamente que la persona “deje de pensar”. Por el contrario, puede existir una enorme cantidad de actividad mental. Lo que cambia es cómo funciona ese pensamiento.
Una sospecha puede dejar de experimentarse como sospecha. Una coincidencia puede comenzar a adquirir carácter de señal. Una interpretación puede volverse progresivamente más difícil de revisar.
En Cuando la certeza reemplaza al pensamiento, se describe un punto de máxima activación en el que la mediación psíquica queda transitoriamente suspendida. Entonces aquello que aparece deja de ser una posibilidad sobre la cual pensar y puede experimentarse como un acontecimiento inmediato, evidente y obligatorio.
Esto permite comprender una diferencia fundamental entre tener un pensamiento y quedar sometido a él.
Cuando existe mediación podemos decir: “pensé que me estaban mirando, pero quizá me equivoqué”. Hay un espacio entre percepción, interpretación y certeza.
Cuando ese espacio se reduce, puede resultar mucho más difícil introducir la pregunta “¿y si fuera de otra manera?”.
Por eso discutir exclusivamente el contenido puede resultar insuficiente. El problema no está solamente en la conclusión a la que llegó una persona, sino en que puede encontrarse temporalmente comprometida la operación que permitiría revisar esa conclusión.
Se formula por eso una regla clínica: mientras el sujeto está activado, primero hay que disminuir la activación, introducir tiempo y frenar la urgencia; recién cuando esta desciende puede reaparecer el pensamiento como una función capaz de trabajar sobre lo ocurrido.
Durante una descompensación, entonces, no deberíamos preguntar únicamente “¿qué está pensando?”. También necesitamos preguntar: “¿todavía puede pensar sobre aquello que está pensando?”
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