¿Qué significa “habitar el lenguaje”?
Decir que una persona “habita el lenguaje” no significa simplemente que sabe hablar o que utiliza palabras para comunicarse. El lenguaje cumple una función mucho más amplia: participa en la organización de nuestro psiquismo y estructura nuestra manera de estar en el mundo.
Vivimos rodeados de palabras mucho antes de poder pronunciarlas. A través del lenguaje aprendemos a nombrar personas, objetos, emociones, relaciones y experiencias. Pero también construimos significados: interpretamos qué sucede, qué significa para nosotros, qué esperamos de los demás y cómo podemos responder frente a aquello que vivimos.
Por eso, habitar el lenguaje es habitar un mundo organizado por significados.
Cuando ocurre algo, no reaccionamos simplemente frente al acontecimiento. Lo interpretamos. Pensamos acerca de él, lo relacionamos con experiencias anteriores, intentamos comprenderlo, podemos ponerlo en palabras y, desde esa elaboración, actuamos.
Hay una secuencia sencilla para comprender esta función: aquello que pensamos es procesado para poder decirlo y aquello que decimos participa posteriormente en lo que hacemos. Se trata de un procesamiento permanente, muchas veces automático, que contribuye a sostener nuestra coherencia interna y nuestra relación con la realidad.
¿Todos habitamos el lenguaje de la misma manera?
No. Desde la perspectiva desarrollada en El ABC de la salud mental, las distintas estructuras psíquicas implican formas diferentes de habitar el lenguaje.
Esto no significa que algunas personas tengan lenguaje y otras no. Significa que la experiencia no se organiza de la misma manera para todos.
Una mirada, una palabra, un silencio, una pérdida, una relación o una situación social no poseen un significado idéntico para cada persona. Lo que viene del mundo exterior es interpretado desde una determinada organización psíquica.
Por eso, hablar de neurosis, psicosis y perversión no significa ordenar a las personas desde una estructura “buena” hacia otras “malas”. Son diferentes formas de constitución del psiquismo y, por lo tanto, diferentes modos de relacionarse con el lenguaje, los otros, la realidad y la ley.
¿Qué relación existe entre lenguaje, pensamiento y realidad?
El lenguaje nos permite articular la experiencia. Podemos nombrar lo que sentimos, establecer relaciones entre acontecimientos, construir explicaciones y compartir significados con otras personas. Esto ayuda a entender por qué una alteración del lenguaje puede ser mucho más que una dificultad para expresarse.
Cuando durante una descompensación psicótica aparecen simultáneamente pensamiento, lenguaje y comportamiento desorganizados, lo que puede verse afectado es la continuidad de significados que permite al sujeto orientarse. No cambia solamente “lo que dice”: puede modificarse la manera en que la experiencia se articula, se comprende y finalmente se transforma en acciones.
Por eso el lenguaje no puede pensarse únicamente como una herramienta que utilizamos después de pensar. Forma parte de aquello con lo que organizamos nuestra experiencia.
Entonces, ¿qué significa habitar el lenguaje?
Significa que nuestra relación con el mundo nunca es directa. Entre aquello que ocurre y nuestra respuesta existe una trama de palabras, significados, interpretaciones, experiencias y vínculos desde la cual comprendemos lo que sucede.
Habitar el lenguaje es vivir dentro de esa trama de significados desde la que pensamos, sentimos, interpretamos la realidad, nos relacionamos con los demás y actuamos. Y si existen diferentes maneras de organizar esa trama, también pueden existir diferentes maneras de habitar el mundo.
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