Significante y significado

Efrain Rodas

12/31/20263 min read

Para comprender qué es un significante necesitamos distinguirlo de otro concepto con el que suele confundirse: el significado. Aunque ambos participan de la producción de sentido, no son lo mismo. De manera sencilla, podemos decir que el significante es aquello que permite representar, diferenciar y relacionar algo dentro del lenguaje, mientras que el significado es el sentido que se produce a partir de esas relaciones.

Una palabra puede ayudarnos a verlo. Pensemos en “casa”. La secuencia de sonidos que pronunciamos o las letras que escribimos constituyen una forma reconocible dentro de nuestro lenguaje. Sabemos diferenciar casa de cama, mesa o calle. Pero aquello que “casa” significa no está contenido físicamente en esas cuatro letras.

Podemos encontrar una definición en el diccionario, pero esa definición tampoco agota su sentido. Casa puede significar vivienda, hogar, pertenencia, familia, protección, independencia, encierro o conflicto. El significante permanece reconocible mientras los significados que puede producir dependen de las relaciones en las que aparece.

El significado no está guardado dentro del significante

A veces imaginamos el lenguaje como si cada palabra fuera una caja y dentro de ella hubiera un significado. Aprender a hablar consistiría entonces en aprender qué contiene cada caja. Pero el lenguaje funciona de una manera mucho más compleja.

Si alguien dice “banco”, necesitamos otros significantes para saber si habla de una institución financiera o del lugar donde alguien puede sentarse. Si escuchamos “qué frío”, podemos comprender una descripción de la temperatura, una queja, un pedido indirecto para cerrar una ventana o incluso una manera de explicar por qué alguien quiere irse.

El sentido no depende solamente de un significante aislado. Se produce en relación con otros significantes. Por eso una misma palabra puede adquirir sentidos diferentes sin dejar de ser reconocible como la misma palabra.

Compartimos significados, pero no todos los sentidos

Para que podamos comunicarnos necesitamos cierta estabilidad. No podríamos construir un lenguaje común si cada persona decidiera individualmente qué significa cada palabra. Sabemos aproximadamente qué es una madre, una escuela, una enfermedad o una casa porque participamos de sistemas de significados compartidos.

Pero esa dimensión común convive con otra: cada significante ingresa también en una historia particular. Para alguien, “hospital” puede estar relacionado con cuidado y recuperación. Para otra persona, con miedo, pérdida o incertidumbre. Ambas pueden comprender qué significa hospital en español y, sin embargo, ese significante ocupa lugares diferentes dentro de sus respectivas redes.

Esta diferencia es importante. No significa que exista un idioma privado para cada sujeto. Significa que sobre una estructura lingüística compartida se construyen relaciones singulares.

Los significados pueden cambiar

Imaginemos ahora la palabra “soledad”. Durante una etapa de la vida puede quedar relacionada con abandono, tristeza o exclusión. Años después, nuevas experiencias pueden vincularla con tranquilidad, autonomía o descanso.

La palabra no necesitó cambiar para que cambiara algo fundamental. Se modificaron sus relaciones con otros significantes y, con ellas, el sentido que podía producir.

Esto nos permite comprender por qué el significado no debería pensarse como una propiedad fija e inmutable adherida al significante. Nuestra historia incorpora experiencias nuevas, construye relaciones y reorganiza anteriores. Algo que en determinado momento significó una cosa puede adquirir posteriormente otra significación.

Incluso podemos reinterpretar el pasado. Una experiencia que durante años habíamos nombrado de determinada manera puede adquirir otro sentido cuando contamos con nuevos significantes para pensarla.

El significante permite producir diferencias

Hay todavía otra característica importante. Un significante adquiere valor porque puede distinguirse de otros. “Madre” no significa solamente por una supuesta propiedad contenida dentro de la palabra. Forma parte de una red en la que existen hijo, padre, familia, mujer, cuidado, nacimiento y muchas otras relaciones posibles. Esas diferencias permiten construir posiciones, categorías y sentidos.

Por eso los significantes no funcionan como elementos independientes. Forman sistemas. Y es dentro de esos sistemas donde el significado puede producirse, estabilizarse durante cierto tiempo y también transformarse.

Una diferencia fundamental para comprender cómo pensamos

Distinguir significante y significado nos permite abandonar una idea demasiado sencilla del lenguaje: que primero existe un mundo completamente organizado y después inventamos palabras para colocarles nombres a sus partes.

Desde la perspectiva que desarrollamos en El lenguaje como origen de la psicosis, el lenguaje participa de la organización de nuestra experiencia. Nos permite establecer diferencias, construir categorías, relacionar acontecimientos y producir explicaciones sobre aquello que vivimos.

El significante proporciona puntos desde los cuales esas relaciones pueden establecerse. El significado emerge de la red que construimos entre ellos.

Por eso conocer el significado de diccionario de una palabra no siempre alcanza para comprender qué está diciendo una persona. Podemos necesitar conocer qué otros significantes aparecen alrededor, qué relaciones establece entre ellos y qué lugar ocupan dentro de su historia.

La diferencia puede resumirse de una manera sencilla: el significante no transporta un significado terminado; participa de una red en la que el significado puede producirse. Y precisamente porque esa red puede modificarse, también puede hacerlo nuestra manera de comprender una experiencia.

Fuente

Autora: Karina Agüero

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