Brote psicótico
Un brote psicótico es un período agudo de descompensación en el que se produce una alteración significativa en la manera en que una persona organiza su experiencia y se relaciona con la realidad compartida. Durante ese período pueden aparecer delirios, alucinaciones, desorganización del pensamiento, del lenguaje o del comportamiento, aunque el brote no puede reducirse a ninguno de estos síntomas por separado.
Para comprenderlo resulta fundamental distinguir tres conceptos: estructura psicótica, descompensación y brote psicótico.
Desde la perspectiva desarrollada en El ABC de la salud mental, una persona puede tener una estructura psicótica y permanecer compensada durante largos períodos. Puede estudiar, trabajar, relacionarse con otras personas y desarrollar su vida cotidiana sin estar delirando ni alucinando.
La estructura es una forma de organización del psiquismo. El brote, en cambio, es un estado agudo.
¿Qué sucede durante un brote psicótico?
Habitualmente organizamos aquello que vivimos mediante palabras, representaciones y significados. Podemos interpretar acontecimientos, relacionarlos con experiencias anteriores, formular hipótesis y conservar cierta continuidad entre aquello que percibimos, pensamos y hacemos.
En la psicosis, determinadas experiencias cargadas de afecto o de significación simbólica pueden resultar especialmente difíciles de elaborar. Cuando aquello que ocurre produce un impacto que no logra integrarse dentro de la estructura de comprensión del mundo de la persona, puede generarse una conmoción simbólica.
El problema no es simplemente haber sentido una emoción muy intensa. Aquello que sucede puede no encontrar palabras, representaciones o sentidos suficientemente estables para ser metabolizado simbólicamente. Entonces puede comenzar a modificarse la trama de significados mediante la cual la persona sostiene su experiencia y su relación con la realidad.
¿Un brote psicótico aparece de repente?
Puede parecer repentino desde afuera, pero no necesariamente comienza en el momento en que aparece un delirio o una alucinación.
Antes de la etapa aguda pueden existir signos prodrómicos, es decir, cambios previos. El ABC de la salud mental señala manifestaciones iniciales como aislamiento, repliegue del vínculo con los demás o disminución de la expresión emocional. La persona puede comenzar progresivamente a retirarse del intercambio emocional y simbólico con su entorno.
Posteriormente pueden aparecer manifestaciones más características: delirios, alucinaciones y desorganización del pensamiento, del lenguaje y del comportamiento.
Por eso, reconocer tempranamente cambios respecto del funcionamiento habitual de una persona puede ser importante. Un signo aislado, sin embargo, tampoco permite afirmar que alguien esté comenzando un brote.
¿Qué pasa con la realidad durante el brote?
Hablar de alteración de la relación con la realidad no significa simplemente que la persona “piensa diferente”.
Durante un brote pueden modificarse los significados atribuidos a acontecimientos, palabras, gestos o percepciones. Una interpretación puede adquirir carácter de certeza y una alucinación puede tener para quien la experimenta el mismo valor de realidad que un acontecimiento externo.
Esto ayuda a comprender algunas conductas que desde afuera parecen inexplicables. La persona puede estar actuando de manera coherente con la realidad que está experimentando en ese momento.
Por ejemplo, alguien convencido de que está siendo perseguido puede intentar escapar o protegerse. Eso no significa que la persecución exista en la realidad compartida, sino que necesitamos comprender el significado desde el cual se está produciendo la acción.
¿Todo episodio de activación es un brote?
No. Cuando la certeza reemplaza al pensamiento introduce una distinción importante: un brote implica activación, pero no toda activación constituye un brote psicótico. Una persona puede atravesar momentos de angustia, enojo o activación y continuar pudiendo pensar, esperar, poner en duda aquello que aparece y mediar entre pensamiento y acción.
Esto vuelve a mostrar por qué no podemos diagnosticar un brote observando una conducta o un síntoma aislados.
Un brote psicótico supone una alteración aguda y más amplia de la organización de la experiencia, en la que pueden verse comprometidos los significados, el pensamiento, el lenguaje, la percepción, la conducta y la relación con la realidad compartida.
Y, sobre todo, un brote psicótico es un estado, no la identidad de una persona. Puede comenzar, atravesarse y finalizar. La persona no es su brote.
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