Síntomas positivos
Los síntomas positivos son manifestaciones en las que aparece algo que se agrega al funcionamiento psíquico habitual de una persona. La palabra positivo, en este caso, no significa que el síntoma sea bueno, beneficioso o deseable. Se utiliza en el sentido de adición (+): aparece un fenómeno que antes no estaba presente.
Dentro de los síntomas positivos encontramos principalmente los delirios, las alucinaciones y la desorganización del pensamiento, del habla y del comportamiento. Son, además, algunas de las manifestaciones que más habitualmente asociamos con la psicosis.
Para comprender por qué se llaman así, resulta útil compararlos con los síntomas negativos. En estos últimos ocurre una disminución o pérdida de algo que esperaríamos encontrar en el funcionamiento habitual: puede disminuir el habla, la motivación, la iniciativa, la capacidad de experimentar placer o la expresión afectiva. En los síntomas positivos ocurre lo contrario: algo aparece, se incorpora o irrumpe en la experiencia.
¿Cuáles son los principales síntomas positivos?
Las alucinaciones son experiencias perceptivas que pueden adquirir valor de realidad para quien las experimenta. Una persona puede, por ejemplo, escuchar voces sin que exista una fuente externa compartida que las produzca. No se trata simplemente de imaginar voluntariamente algo: aquello percibido puede presentarse para el sujeto como parte de su realidad.
Los delirios, por su parte, implican una modificación en la manera en que determinados acontecimientos adquieren significado. Una mirada, una conversación, una coincidencia o un hecho cotidiano pueden comenzar a relacionarse dentro de una interpretación que para la persona adquiere carácter de certeza.
También puede aparecer desorganización del pensamiento y del lenguaje. Desde la perspectiva desarrollada en El ABC de la salud mental, el lenguaje no es entendido solamente como una herramienta para comunicar aquello que pensamos. Participa en la organización misma de la experiencia. Por eso, cuando se altera la continuidad de los significados, la desorganización puede hacerse visible en la manera de relacionar ideas, construir explicaciones, hablar o actuar.
Finalmente, hablamos de comportamiento desorganizado cuando las acciones dejan de resultar comprensibles desde la realidad compartida. Sin embargo, esto no significa que la conducta carezca necesariamente de una lógica para quien la realiza: puede estar respondiendo a una experiencia, percepción o interpretación que para esa persona posee valor de realidad.
¿Por qué aparecen estos síntomas?
Los síntomas positivos se abordan dentro de una comprensión más amplia de la descompensación psicótica. Una persona con estructura psicótica puede permanecer compensada durante largos períodos sin presentar delirios, alucinaciones ni desorganización.
Frente a determinadas experiencias emocional o simbólicamente intensas, sin embargo, los recursos con los que habitualmente organiza su experiencia pueden resultar insuficientes. Cuando aquello que ocurre no logra ser elaborado e integrado mediante palabras, representaciones y significados suficientemente estables, puede producirse una conmoción simbólica y modificarse la relación del sujeto con su experiencia y con el entorno.
Los síntomas positivos pueden aparecer en ese proceso.
¿Tener un síntoma positivo significa tener esquizofrenia?
Como ocurre con cualquier otro síntoma, una manifestación aislada no constituye por sí sola un diagnóstico. Es necesario cuestionar la idea de comprender a una persona únicamente a partir de aquello que resulta observable y preguntarnos también cómo se organiza su psiquismo, cómo construye significados, cómo habita el lenguaje y cómo se relaciona con la realidad.
Tampoco debemos confundir estructura psicótica, descompensación y síntomas positivos. Una estructura puede existir sin que esos síntomas estén presentes permanentemente, y su aparición corresponde a un estado clínico que requiere ser comprendido dentro de un contexto más amplio.
Hay una metáfora especialmente clara para distinguir síntomas positivos y negativos: los negativos serían como una fotografía con poco contraste, donde permanecen los elementos pero disminuyen los matices y el relieve. Los positivos, en cambio, se parecen a una interferencia en una radio: aparecen voces, ruidos o señales que se introducen en la frecuencia habitual y que la persona no puede simplemente apagar.
Por eso, decir que un síntoma es “positivo” no significa valorar aquello que ocurre. Significa reconocer que algo se ha agregado a la experiencia y está modificando la manera en que la persona percibe, interpreta, piensa o se relaciona con su realidad.
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