¿A qué nos referimos con estabilidad?

Efrain Rodas

12/31/20262 min read

En salud mental, cuando hablamos de estabilidad nos referimos a un período en el que una persona logra sostener cierto equilibrio en su vida psíquica y cotidiana, sin que esto signifique necesariamente la desaparición absoluta de síntomas, dificultades o conflictos.

La estabilidad no debe confundirse con un estado perfecto de bienestar ni con la idea de que un trastorno mental ha desaparecido. Una persona puede continuar atravesando determinadas dificultades y, sin embargo, encontrarse estable: puede sostener sus actividades, sus vínculos, su tratamiento y diferentes aspectos de su vida sin atravesar una descompensación. Tampoco se trata de una condición exclusivamente interna del individuo.

Las investigaciones sobre Emoción Expresada recuperadas en ¿Qué es la psicoeducación? resultaron especialmente importantes para comprenderlo. Al estudiar personas con esquizofrenia se observó que determinados ambientes familiares caracterizados por altos niveles de hostilidad, criticismo y sobreimplicación emocional se relacionaban con una mayor frecuencia de recaídas. Esto permitió incorporar una dimensión que una mirada individual podía dejar afuera: el entorno también puede favorecer o dificultar la estabilidad.

Por eso, la estabilidad de una persona no puede explicarse solamente por su diagnóstico, su biología o el tratamiento que recibe. Los vínculos, las formas de comunicación y las condiciones en las que transcurre su vida también producen efectos.

Esto no significa responsabilizar a una familia por la estabilidad o desestabilización de uno de sus integrantes. Significa reconocer que la vida psíquica se desarrolla dentro de una trama relacional y que intervenir sobre esa trama puede formar parte del acompañamiento.

La estabilidad tampoco es necesariamente definitiva. Puede haber períodos de mayor estabilidad y otros de mayor vulnerabilidad, y aquello que ayuda a sostenerla puede modificarse a lo largo del tiempo.

Por eso, estar estable no significa estar curado, no tener síntomas ni encontrarse permanentemente bien. Significa poder sostener cierto equilibrio en un momento determinado, dentro de una relación dinámica entre el sujeto, aquello que le sucede y las condiciones en las que vive.

Pensar la estabilidad de esta manera permite dejar de observar únicamente el trastorno para preguntarnos también qué condiciones ayudan a una persona a sostener su vida y cuáles pueden volverla más vulnerable a una descompensación.

Fuente

Autora: Karina Agüero

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