¿Qué es la salud mental?
Hablar de salud mental parece sencillo hasta que intentamos definir qué significa. Solemos asociarla con “estar bien” o con no tener un trastorno mental. Sin embargo, ninguna de esas definiciones alcanza. Una persona puede atravesar tristeza, angustia, conflictos o momentos de desorganización sin que eso signifique que carece de salud mental. Del mismo modo, alguien puede tener un diagnóstico psiquiátrico y construir vínculos, aprender, trabajar, amar, desarrollar proyectos y alcanzar largos períodos de estabilidad.
Por eso, salud mental no es simplemente ausencia de enfermedad o trastorno mental.
Tampoco es un estado perfecto y permanente de bienestar. La vida psíquica implica conflictos, pérdidas, frustraciones, contradicciones y experiencias que muchas veces exigen reorganizar aquello que pensábamos sobre nosotros mismos y sobre el mundo. Pensar la salud mental como bienestar constante convertiría prácticamente cualquier sufrimiento humano en enfermedad.
Resulta más adecuado comprenderla como un proceso dinámico, relacionado con las posibilidades que encuentra un sujeto para comprender y elaborar aquello que vive, construir significados, relacionarse con otros, aprender de su experiencia, tomar decisiones y sostener algún proyecto posible.
Pero ese proceso no ocurre exclusivamente en el interior de una persona.
Ningún sujeto existe aislado. Desde que nacemos estamos inmersos en una trama de relaciones y de lenguaje. Somos nombrados, mirados, interpretados y hablados por otros. Aprendemos maneras de comprender lo que sucede, de vincularnos, de expresar aquello que sentimos y de responder frente a determinadas situaciones. Por eso nuestra vida psíquica se encuentra atravesada por nuestra historia, nuestros vínculos y el contexto social y cultural en el que vivimos.
Esta idea tiene consecuencias importantes para pensar la salud mental. Las investigaciones sobre Emoción Expresada, recuperadas en el desarrollo histórico de la psicoeducación, mostraron, por ejemplo, que determinados climas familiares caracterizados por hostilidad, criticismo y sobreimplicación emocional podían relacionarse con mayores recaídas en personas con esquizofrenia. Aquello permitió comprender que para explicar lo que le sucede a un sujeto no siempre alcanza con estudiar solamente al individuo: también debemos observar la trama relacional en la que vive.
Esto no significa responsabilizar a las familias por los trastornos mentales. Significa reconocer que los vínculos y el lenguaje producen efectos. La manera en que una persona es mirada, nombrada, acompañada, criticada, escuchada o excluida participa de las condiciones en las que construye su experiencia.
Por la misma razón, la salud mental tampoco puede pertenecer exclusivamente a una disciplina. El texto ¿Qué es la psicoeducación? plantea que la complejidad del sujeto requiere múltiples miradas y que el abordaje contemporáneo de la salud mental necesita articulación entre diferentes campos de conocimiento. La psiquiatría puede aportar una perspectiva, la psicología otra, la psicopedagogía otra, al igual que el trabajo social, la medicina, la educación y otros saberes. Ninguno de ellos, por separado, puede explicar completamente a un sujeto.
Además, la persona no es solamente el objeto sobre el cual esos conocimientos intervienen. Posee una historia y un saber acerca de su propia experiencia. Puede aprender sobre aquello que le sucede, construir nuevas interpretaciones, reconocer recursos y dificultades y participar activamente de las decisiones que afectan su vida.
Podemos entonces definir la salud mental como un proceso dinámico construido en la relación entre un sujeto, su cuerpo, su historia, el lenguaje, sus vínculos, sus aprendizajes y su contexto, que involucra las posibilidades de comprender, simbolizar y elaborar aquello que vive, construir significado, participar de sus decisiones y sostener algún proyecto posible.
Desde esta perspectiva, tener salud mental no significa no sufrir, no tener conflictos ni recibir jamás un diagnóstico. Significa que el sujeto no queda reducido a aquello que padece. Porque hablar de salud mental es, finalmente, hablar de una persona y de las condiciones que encuentra para continuar construyendo su propia vida.
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