Psicosis y vida normal
Una persona con psicosis puede estudiar, trabajar, formar una familia, tener amigos, desarrollar proyectos, disfrutar de sus intereses y sostener una vida cotidiana. Pero antes de responder si puede tener una “vida normal”, quizás convenga preguntarnos qué significa exactamente normal.
No existe una única manera correcta de vivir. Cuando utilizamos la palabra normal para preguntar por la vida de una persona con psicosis, muchas veces en realidad queremos saber otra cosa: ¿puede permanecer estable?, ¿puede desarrollar sus actividades?, ¿puede tener vínculos?, ¿puede construir proyectos?, ¿puede vivir sin atravesar permanentemente brotes psicóticos? Y esas preguntas permiten una respuesta mucho más precisa.
Tener psicosis no significa estar permanentemente en un brote
Desde la perspectiva desarrollada en El ABC de la salud mental, es fundamental distinguir entre estructura psicótica, estabilidad, descompensación y brote psicótico.
La psicosis es entendida como una forma particular de organización del psiquismo. Esto no significa que una persona con estructura psicótica se encuentre permanentemente delirando, alucinando o desconectada de la realidad. Puede permanecer compensada durante largos períodos y desarrollar las diferentes dimensiones de su vida.
Por eso, no deberíamos utilizar el momento de una descompensación para imaginar cómo será necesariamente toda la existencia de esa persona.
¿Qué significa llevar una vida estable?
Estabilidad tampoco significa ausencia absoluta de dificultades, conflictos o malestar. Ninguna vida humana cumple ese requisito.
Hablamos de estabilidad cuando una persona puede sostener una organización suficientemente estable de su experiencia, mantener vínculos y actividades, conservar referencias y contar con recursos que le permitan elaborar aquello que ocurre sin que se produzca una desorganización aguda.
El tratamiento puede formar parte de esos recursos. También la psicoeducación, los vínculos, las actividades cotidianas, determinados espacios de pertenencia y la posibilidad de reconocer tempranamente cambios en el propio funcionamiento. El objetivo no debería ser conseguir que la persona parezca “normal”, sino favorecer las condiciones que le permitan construir y sostener su propia vida.
¿Se pueden evitar todas las descompensaciones?
No existe una garantía absoluta. Una persona puede atravesar períodos de mayor vulnerabilidad o encontrarse frente a experiencias que exijan recursos de elaboración importantes. Pero conocer el propio funcionamiento permite reconocer cambios, identificar señales tempranas, comprender qué cosas contribuyen a la estabilidad y pedir ayuda cuando comienza a producirse una modificación significativa.
La conciencia de enfermedad, la adherencia al tratamiento y la psicoeducación pueden contribuir precisamente a construir esa autonomía. Por eso, quizás la pregunta no debería ser si una persona con psicosis puede tener una vida igual a la de los demás.
La pregunta podría ser: ¿Puede construir una vida propia, sostener proyectos, vínculos y actividades y atravesar largos períodos de estabilidad? Sí.
Y entonces descubrimos que el verdadero objetivo nunca fue conseguir una “vida normal”. Fue poder construir una vida que pueda ser vivida, sostenida y elegida por esa persona.
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