¿Una descompensación ocurre de repente?

Efrain Rodas

12/31/20262 min read

Desde afuera, muchas descompensaciones parecen repentinas. Hay un momento que se vuelve visible: aparece una conducta extraña, una certeza delirante, una alucinación, una desorganización importante o una situación que obliga a intervenir. Ese momento puede producir la impresión de que el problema comenzó ese mismo día.

Sin embargo, el momento en que reconocemos una descompensación no necesariamente coincide con el momento en que comenzó el proceso.

Antes pueden existir modificaciones pequeñas, ambiguas o difíciles de interpretar: cambios en el sueño, retraimiento, irritabilidad, dificultades para estudiar o trabajar, alteraciones vinculares, preocupaciones nuevas o maneras diferentes de interpretar acontecimientos cotidianos. Muchas de esas manifestaciones son inespecíficas. Precisamente por eso pueden pasar inadvertidas.

En otros casos incluso fueron observadas, pero recibieron otra explicación: “está cansado”, “es la adolescencia”, “está estresado”, “siempre fue raro”. Recién después, cuando aparece una modificación más evidente, algunas conductas anteriores pueden adquirir otro significado.

Esto no quiere decir que todo cambio anuncie una descompensación. Sería igualmente problemático interpretar cualquier noche de insomnio, aislamiento o preocupación como señal de un brote futuro.

Lo importante es observar cambios respecto del funcionamiento habitual, su intensidad, su persistencia y la aparición conjunta de otras modificaciones.

En La historia secreta del autismo, se trabaja precisamente la idea de manifestaciones previas inespecíficas y utiliza el concepto de pródromos para referirse a fenómenos que pueden anteceder a la eclosión de una sintomatología psicótica más reconocible.

Cuando la certeza reemplaza al pensamiento agrega otra dimensión: la activación puede aparecer en momentos previos al brote y modificar progresivamente la posibilidad de mediar aquello que se piensa o percibe.

Entonces, una descompensación puede hacerse visible de manera abrupta sin haber comenzado necesariamente de manera abrupta. La diferencia es importante porque permite desplazar la pregunta de “¿cuándo apareció el brote?” hacia otra más amplia: “¿cuándo empezó a cambiar el funcionamiento de esta persona?”

Reconstruir ese proceso no sirve solamente para explicar el pasado. Puede permitir que la propia persona, su familia y quienes la acompañan aprendan a reconocer en el futuro cuáles son sus señales particulares de pérdida de estabilidad.

Fuente

Autora: Karina Agüero

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