Diagnóstico incorrecto

Efrain Rodas

12/31/20262 min read

Recibir diferentes diagnósticos a lo largo del tiempo puede generar una pregunta inevitable: ¿alguno de los profesionales se equivocó?

Puede ocurrir. Pero un diagnóstico que cambia no significa necesariamente que el anterior haya sido incorrecto. En salud mental, aquello que puede observarse en una persona no siempre aparece completo desde el comienzo, y diferentes síntomas pueden adquirir otro significado cuando conocemos su evolución.

En El ABC de la salud mental se plantea precisamente el problema de realizar diagnósticos tomando únicamente una fotografía del momento: observar determinados síntomas, clasificarlos y establecer una categoría a partir de aquello que resulta visible en ese instante.

El problema es que los síntomas pueden cambiar, aparecer progresivamente o ser compartidos por diferentes cuadros.

¿Por qué puede cambiar un diagnóstico?

Una persona puede consultar inicialmente por aislamiento, dificultades emocionales, ansiedad o cambios en el comportamiento. Años después pueden aparecer otras manifestaciones que permitan comprender de manera diferente aquello que anteriormente se había observado.

Mirando cada momento por separado podrían parecer problemas diferentes. Mirando retrospectivamente la trayectoria, algunos fenómenos adquieren otro significado.

Esto ocurre también porque determinadas manifestaciones pueden pasar inadvertidas. Un delirio, por ejemplo, no necesariamente es comunicado inmediatamente a la familia o a los profesionales. Una conducta que desde afuera fue interpretada como enojo, aislamiento o una reacción exagerada puede adquirir otro sentido cuando posteriormente aparece información que antes no conocíamos.

¿Síntomas parecidos pueden producir diagnósticos diferentes?

Sí. Un mismo síntoma observable no necesariamente tiene el mismo significado en todas las personas. El aislamiento, la disminución de la expresión emocional o la falta de iniciativa, por ejemplo, pueden parecer desde afuera manifestaciones depresivas y, sin embargo, formar parte de otro funcionamiento. Por eso, un síntoma aislado no constituye un diagnóstico.

Diagnosticar requiere observar no solamente qué manifestaciones aparecen, sino también su evolución, su relación con otros síntomas, la historia de la persona y el funcionamiento psíquico del que forman parte.

¿Si el diagnóstico cambia significa que el anterior estaba mal?

No necesariamente.

También puede ocurrir que un diagnóstico sea provisional, que posteriormente aparezca información que antes no estaba disponible o que el tratamiento modifique las manifestaciones observables.

El texto señala una paradoja especialmente importante: una persona puede mejorar gracias al tratamiento y dejar de presentar algunos de los síntomas que inicialmente permitieron realizar un diagnóstico. Pero que esos síntomas ya no sean observables no demuestra que nunca hayan existido.

Por eso necesitamos distinguir entre un diagnóstico incorrecto, un diagnóstico provisional, un cambio diagnóstico y una reformulación producida porque ahora contamos con más información.

¿Cómo reducir el riesgo de diagnósticos incorrectos?

No existe un procedimiento capaz de eliminar completamente la posibilidad de error. Pero una evaluación no debería limitarse a marcar síntomas en una lista.

También importa reconstruir la historia, observar cambios a lo largo del tiempo, conocer cómo aparecieron las distintas manifestaciones y comprender cómo la persona organiza su experiencia, su pensamiento, sus vínculos y su relación con la realidad.

Un diagnóstico es una herramienta para comprender y orientar un tratamiento. No debería ser una fotografía aislada que reemplace la historia de la persona.

Fuente

Autora: Karina Agüero

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