¿Qué significa que un significante representa al sujeto?

Efrain Rodas

12/31/20263 min read

Decir que un significante representa al sujeto puede resultar extraño. ¿Cómo podría una palabra representar a una persona? Para comprenderlo, primero necesitamos abandonar la idea de que el sujeto existe completamente constituido y luego simplemente utiliza palabras para describirse. También construimos quiénes somos dentro del lenguaje.

Desde antes de poder hablar, otros comienzan a nombrarnos. Tenemos un nombre, somos hijo, hija, hermano, nieta. Dicen que somos tranquilos, difíciles, inteligentes, inquietos, buenos o problemáticos. Esos significantes no describen solamente algo que ya estaba allí: comienzan a establecer lugares desde los cuales podemos ser reconocidos por los demás y, progresivamente, reconocernos a nosotros mismos.

Pensemos en alguien que durante su infancia fue nombrado repetidamente como “el responsable” de la familia. Responsable no contiene a esa persona entera. Sin embargo, puede convertirse en un significante importante desde el cual interprete muchas de sus acciones: cuidar a otros, resolver problemas, no pedir ayuda, sentirse culpable cuando no puede hacerlo.

El significante no es el sujeto, pero puede representar algo de él dentro de una red.

Ninguna palabra puede decir completamente quiénes somos

Si alguien pregunta “¿quién sos?”, probablemente respondamos utilizando significantes: nuestro nombre, profesión, parentescos, nacionalidad o características con las que nos identificamos.

“Soy docente.”
“Soy padre.”
“Soy tímida.”
“Soy psicopedagoga.”

Cada respuesta dice algo acerca de nosotros, pero ninguna puede decirlo todo.

Una persona puede ser “docente” frente a sus alumnos, “hija” en relación con sus padres y “madre” para sus hijos. No se convirtió en tres personas diferentes. Diferentes significantes permiten representarla dentro de distintas relaciones. Por eso el sujeto no puede reducirse a ninguno de los nombres mediante los cuales intenta definirse.

Somos nombrados y también nos nombramos

Algunos significantes nos llegan desde otros. Otros los incorporamos posteriormente para interpretar nuestra propia experiencia.

Alguien puede haber sido nombrado durante años como “vago” y posteriormente comprender determinadas dificultades a partir de significantes como “enfermedad”, “depresión” o “agotamiento”. Esa nueva relación no modifica mágicamente todo lo vivido, pero puede reorganizar el sentido de experiencias anteriores.

También podemos rechazar los nombres recibidos. Una persona puede pasar buena parte de su vida discutiendo con un significante que otros utilizaron para definirla. Incluso en ese rechazo puede advertirse cuánto lugar llegó a ocupar aquella palabra en su historia.

Los significantes, entonces, no son etiquetas neutras. Participan de las posiciones desde las cuales podemos pensarnos y relacionarnos con otros.

Un significante representa, pero no contiene

Esta distinción es fundamental.

Decir que un significante representa al sujeto no significa que exista una palabra capaz de revelar su verdadera esencia. Significa que el sujeto puede aparecer dentro del lenguaje representado por significantes que adquieren valor en relación con otros significantes.

“Madre” tiene sentido en relación con hijo; “paciente”, con enfermedad, tratamiento o profesional; “extranjero”, con país, pertenencia y procedencia. Cada significante ubica al sujeto dentro de determinadas relaciones y abre ciertas posibilidades de sentido. Pero siempre queda algo que esa representación no alcanza a decir.

Por eso podemos cambiar la respuesta a la pregunta “¿quién soy?” a lo largo de nuestra vida sin que todas las respuestas anteriores hayan sido necesariamente falsas. Cambiaron nuestras experiencias, nuestras relaciones y también la red de significantes desde la cual podemos representarnos.

No somos una palabra. Tampoco somos la suma de todas las palabras que alguna vez utilizaron para nombrarnos. Pero necesitamos del lenguaje para construir una respuesta acerca de quiénes somos. Un significante representa al sujeto porque le permite ocupar un lugar dentro de una red de relaciones y sentidos. Lo representa, precisamente, sin poder agotarlo.

Fuente

Autora: Karina Agüero

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