¿Cómo se construye una red de significantes?
Una red de significantes no se construye aprendiendo palabras aisladas y guardándolas una al lado de otra. Se construye cuando los significantes comienzan a relacionarse entre sí a partir del lenguaje que recibimos, nuestros vínculos y las experiencias que atravesamos. Cada nueva relación permite organizar aquello que vivimos y producir sentido.
Pensemos en un niño que aprende la palabra “perro”. Al principio puede asociarla con determinados animales que otros nombran de esa manera. Pero progresivamente ese significante comienza a relacionarse con otros: animal, mascota, ladrido, jugar, morder, peligro, cuidado.
Si además crece con un perro al que quiere, “perro” podrá relacionarse con compañía y afecto. Si alguna vez uno lo muerde, puede incorporarse miedo. Si después conoce otros perros amigables, esas relaciones pueden volver a modificarse.
La red se construye porque la experiencia establece, refuerza y reorganiza conexiones entre significantes.
No empezamos a construirla solos
Las primeras relaciones nos llegan de otros. Mucho antes de comprender qué significa “peligro”, un niño escucha a alguien decir “¡cuidado!” mientras lo aleja de determinada situación. Escucha que algunos comportamientos son llamados buenos y otros malos, que ciertas personas pertenecen a la familia y otras son desconocidas, que algo puede ser propio, ajeno, permitido o prohibido.
Así, no recibe solamente palabras: recibe relaciones entre palabras, acontecimientos y significados. Cada familia, además, transmite sus propias asociaciones. En una casa hablar de “trabajo” puede conducir a esfuerzo, dignidad e independencia; en otra, también a ausencia, agotamiento o conflicto. A esas relaciones familiares se sumarán después la escuela, los amigos, los medios, la cultura y todas las experiencias posteriores.
La experiencia modifica la red
La red de significantes no queda terminada durante la infancia.
Supongamos que alguien relacionó durante años “equivocarse” con fracaso, vergüenza y castigo. Una experiencia educativa diferente puede introducir nuevas relaciones: equivocarse puede comenzar a vincularse también con intentar, aprender, corregir y descubrir.
Los significantes anteriores no desaparecieron. Cambió la organización de la red.
Esto permite comprender algo importante sobre el aprendizaje: aprender no significa solamente incorporar información nueva. Muchas veces consiste en establecer nuevas relaciones entre elementos que ya conocíamos.
También por eso podemos reinterpretar nuestra historia. Encontrar nuevos significantes para nombrar una experiencia puede permitirnos relacionarla de otra manera con aquello que ya sabíamos y modificar el sentido que tenía para nosotros.
Algunas relaciones se fortalecen más que otras
No todas las conexiones dentro de una red tienen el mismo peso. La repetición, la intensidad de una experiencia, los afectos involucrados y la importancia de determinados vínculos pueden hacer que algunas relaciones se vuelvan especialmente fuertes. Un significante puede conducir casi inmediatamente hacia otro porque esa asociación fue repetida muchas veces o porque quedó vinculada con experiencias significativas.
Pero una relación fuerte no es necesariamente una relación inmodificable. Nuevas experiencias, nuevas palabras y nuevas maneras de interpretar lo ocurrido pueden abrir otros caminos posibles dentro de la red.
Una red para organizar la experiencia
Podemos imaginar entonces una red de significantes como un enorme sistema de relaciones en permanente construcción. Cada significante puede conectarse con muchos otros y esas conexiones permiten establecer diferencias, reconocer semejanzas, construir categorías, recordar experiencias y elaborar explicaciones.
No recibimos esa red terminada ni la construimos completamente solos. Comenzamos dentro de las relaciones que otros nos ofrecen y continuamos reorganizándolas a partir de nuestra propia experiencia.
Por eso dos personas que hablan el mismo idioma pueden organizar de maneras diferentes aquello que viven: comparten gran parte de los significantes, pero no necesariamente las mismas relaciones entre ellos.
Y es justamente en esas relaciones donde comienza a aparecer algo singular. Nuestra red de significantes se construye con palabras que compartimos con otros, pero también con los caminos particulares que nuestra historia fue trazando entre ellas.
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