¿Qué entendemos por lenguaje?

Efrain Rodas

9/3/20262 min read

Cuando hablamos de lenguaje solemos pensar en palabras, conversaciones o en nuestra capacidad para comunicar algo a otra persona. Sin embargo, el lenguaje no sirve solamente para expresar lo que pensamos. También participa en la organización de nuestro psiquismo y estructura nuestra forma de estar en el mundo.

A través del lenguaje nombramos personas, objetos, emociones y experiencias, pero además establecemos relaciones entre ellos. Podemos decir qué ocurrió, pensar por qué ocurrió, atribuirle un significado, relacionarlo con algo vivido anteriormente e imaginar qué podría suceder después. El lenguaje permite, entonces, organizar la experiencia mediante significados.

Por eso no comenzamos a utilizarlo solamente cuando aprendemos a hablar. Desde antes de poder pronunciar nuestras primeras palabras vivimos en un mundo organizado por el lenguaje de los otros: tenemos un nombre, existen palabras para aquello que nos rodea y las personas que nos reciben interpretan lo que hacemos y le atribuyen significados.

¿Qué relación existe entre lenguaje y pensamiento?

El texto propone pensar un procesamiento que ocurre permanentemente: aquello que pensamos es procesado para poder decirlo y aquello que decimos participa luego en nuestras acciones. Aunque gran parte de ese proceso ocurra de manera automática, contribuye a sostener nuestra coherencia interna y nuestra relación con la realidad.

Esto permite comprender por qué el lenguaje no puede reducirse a una herramienta que utilizamos para transmitir un pensamiento que ya estaba completamente construido. Pensar, nombrar, interpretar y construir significados forman parte de una organización mucho más amplia de nuestra experiencia.

Una palabra no es solamente un conjunto de sonidos. Puede representar una persona, una emoción, una relación, una experiencia o una idea y permitirnos vincularla con otras representaciones.

El lenguaje también organiza nuestra relación con la realidad

Los acontecimientos no llegan a nosotros acompañados de una explicación sobre lo que significan. Los interpretamos. Una mirada puede parecernos afectuosa, amenazante o indiferente. Un silencio puede significar enojo, tristeza, cansancio o simplemente ausencia de algo para decir. Para comprender aquello que ocurre construimos relaciones entre palabras, experiencias y significados.

Por eso nuestra relación con la realidad no consiste solamente en percibirla: también necesitamos interpretarla.

Desde la perspectiva desarrollada en El ABC de la salud mental, las diferentes estructuras psíquicas implican precisamente distintas formas de habitar el lenguaje y, por lo tanto, distintas maneras de organizar la experiencia y relacionarse con los otros y con la realidad.

¿Qué ocurre cuando esa función organizadora se altera?

Esto puede observarse con particular claridad durante algunas descompensaciones psicóticas. Cuando aparecen simultáneamente pensamiento, lenguaje y comportamiento desorganizados, el problema no consiste simplemente en que una persona “hable raro”.

Puede producirse un quiebre en la continuidad de los significados que le permiten orientarse. Lo que se altera no es únicamente aquello que dice, sino la manera en que la experiencia se articula, se comprende y finalmente se transforma en acciones.

Por eso, cuando en estos textos hablamos de lenguaje, estamos hablando de algo mucho más amplio que hablar, escribir o comunicarnos.

Entendemos el lenguaje como una trama de palabras y significados que participa en la organización del psiquismo y desde la cual pensamos, interpretamos aquello que vivimos, nos relacionamos con los demás y actuamos en el mundo.

Fuente

Autora: Karina Agüero

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