¿Qué ocurre cuando cambia el significado de algo que ya conocíamos?
A veces no necesitamos que ocurra algo nuevo para que nuestra experiencia cambie. Puede suceder que algo que conocíamos desde hacía años adquiera un significado diferente. El acontecimiento permanece en el pasado, pero las relaciones desde las cuales podemos interpretarlo se modifican.
Pensemos en alguien que durante mucho tiempo recuerda una situación de su infancia como un castigo merecido. Años después incorpora nuevos significantes para pensar aquella experiencia: miedo, violencia, abuso de autoridad, vulnerabilidad. Nada de eso modifica materialmente lo sucedido. Sin embargo, puede modificar profundamente qué significa ahora aquello que sucedió.
Esto es posible porque el significado no está definitivamente adherido a los acontecimientos ni contenido dentro de los significantes. Se produce dentro de una red de relaciones que puede reorganizarse.
Una experiencia nueva puede modificar una experiencia antigua
Nuestra historia no se almacena como una colección de hechos cerrados e independientes. Cada nueva experiencia puede establecer relaciones con experiencias anteriores.
Algo que considerábamos un fracaso puede adquirir posteriormente el sentido de un comienzo. Una conducta que interpretábamos como indiferencia puede comprenderse de otra manera cuando conocemos algo que entonces ignorábamos. Una dificultad que durante años nombramos como “vagancia” puede reorganizarse cuando aparecen significantes como depresión, agotamiento o enfermedad.
El pasado no cambió. Cambió la red desde la cual podemos leerlo. Esto explica por qué comprender algo nuevo puede producir efectos sobre acontecimientos ocurridos mucho tiempo atrás.
Aprender también es reorganizar
Solemos pensar el aprendizaje como acumulación: sabemos determinadas cosas y agregamos información nueva. Pero aprender también puede significar modificar las relaciones entre cosas que ya sabíamos.
Un nuevo concepto puede permitir distinguir experiencias que antes parecían iguales. Una palabra puede reunir acontecimientos que hasta entonces permanecían desconectados. Una explicación diferente puede cuestionar relaciones que parecían evidentes.
La red de significantes, entonces, no crece solamente incorporando elementos. También cambia cuando se construyen nuevas conexiones, algunas se debilitan y otras adquieren mayor importancia. Por eso una persona puede conocer las mismas palabras y, sin embargo, comenzar a pensar de otra manera.
El significado no está terminado
Que los significados puedan modificarse no quiere decir que cualquier interpretación sea igualmente posible. Seguimos construyendo sentido dentro de un lenguaje compartido y en relación con acontecimientos que efectivamente ocurrieron. Pero nuestra interpretación de esos acontecimientos no queda necesariamente fijada para siempre.
Podemos volver sobre nuestra historia con nuevas preguntas, encontrar relaciones que antes no podíamos establecer y disponer de significantes que entonces no teníamos para nombrar aquello que experimentábamos.
Desde la perspectiva desarrollada en El lenguaje como origen de la psicosis, esta posibilidad de reorganización resulta fundamental: si el sentido se construye mediante relaciones entre significantes, modificar esas relaciones también puede modificar nuestra manera de comprender la experiencia.
A veces aprender algo nuevo no agrega simplemente una pieza más a lo que sabemos. A veces cambia el significado de todo aquello que ya estaba ahí.
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