«Psicópata narcisista»: ¿qué estamos mezclando bajo el mismo nombre?
Cuando alguien controla, miente, se muestra distante o tiene comportamientos que nos lastiman, necesitamos comprender qué ocurre. Sin embargo, una conducta no viene acompañada de una explicación sobre aquello que la produce.
Esa explicación la construye quien observa. Si la categoría que conoce es «psicópata narcisista», puede interpretar distintas manifestaciones como pruebas de manipulación, frialdad o intención de hacer daño.
En mi ensayo La estafa del psicópata narcisista cuestiono este problema: una misma etiqueta puede reunir conductas semejantes que responden a funcionamientos diferentes. Desde la lectura estructural que desarrollo, interesa investigar esas diferencias, especialmente cuando una manifestación de psicosis puede confundirse con una conducta deliberadamente instrumental.
Cuando la etiqueta decide la explicación
Imaginemos que Laura cuenta que su pareja le insiste en que no salga porque afuera hay disparos. Él dice que los escucha; ella no escucha nada.
Laura puede concluir: «Inventa los tiros para impedirme salir». Pero esa conclusión supone que él sabe que los disparos no existen y los utiliza conscientemente para controlarla.
Hay una pregunta que todavía falta: ¿está inventando un peligro o está experimentando algo que para él es real? Una alucinación auditiva supone escuchar algo sin un estímulo externo correspondiente; una interpretación delirante también puede hacer que una situación cotidiana se viva como una amenaza.
Si Laura ya considera que él es un manipulador, esa posibilidad puede quedar fuera de lo que investiga. Si insiste, «sostiene la mentira»; si se angustia, «se victimiza»; si busca que ella lo reconozca, «quiere hacerla dudar».
Todo confirma la etiqueta porque la etiqueta ya decidió cómo interpretar todo.
¿Qué manifestaciones podemos estar confundiendo?
Manipulación y experiencias de amenaza. Intentar impedir que alguien salga puede responder a una estrategia deliberada de control, pero también exige investigar si existe una experiencia persecutoria o perceptiva alterada. La diferencia está en cómo se construye el peligro: ¿la persona lo fabrica sabiendo que es falso o lo vive como una realidad? El efecto sobre la pareja no permite resolver, por sí solo, esa pregunta.
Grandiosidad y construcciones delirantes. Decir que alguien «se cree superior» describe una impresión, pero necesitamos escuchar qué afirma y cómo lo sostiene. Una persona puede presumir para impresionar; otra puede estar convencida de poseer una misión, un poder o una importancia excepcional. Desde mi lectura, interesa distinguir esas manifestaciones y las alteraciones del narcisismo que pueden aparecer en una organización psicótica.
Acercamiento, retiro y supuestas estrategias vinculares. Mostrar afecto y después desaparecer puede interpretarse como una manera de generar dependencia. Sin embargo, también hay que investigar si el vínculo produce angustia, desbordamiento o desestabilización, y si retirarse funciona como un intento de recuperar estabilidad. La alternancia entre cercanía y distancia no demuestra por sí sola una estrategia de manipulación ni permite identificar un tipo de apego.
Frialdad, expresión emocional y comprensión del otro. Expresar pocas emociones, no advertir lo que alguien siente y comprenderlo pero desestimarlo son situaciones diferentes. También debemos distinguir comprender la experiencia ajena de compartir emocionalmente lo que le ocurre. En personas con trastornos del espectro de la esquizofrenia se han encontrado dificultades de comprensión junto con empatía emocional conservada. Reducir todo eso a «no tiene empatía» puede ocultar diferencias importantes.
Manipulación, impulsividad y desorganización. Que una conducta consiga algo no demuestra que haya sido planificada para conseguirlo. Para hablar de una estrategia necesitamos investigar la anticipación de sus efectos, el control de las respuestas y la capacidad de ajustarse a lo que hace el otro. Si llamamos «manipulación» a cualquier comportamiento que termina influyendo sobre alguien, podemos confundir su resultado con la intención que lo produjo.
Ausencia aparente de culpa y significado de lo ocurrido. Necesitamos comprender cómo interpreta la persona aquello que hizo. Alguien puede reconocer que dañó a otro y desentenderse; alguien atravesando una experiencia delirante puede creer que actuó para defenderse de una amenaza. Esa diferencia modifica la explicación clínica. No borra el daño ni permite resolver la responsabilidad legal solamente mediante una interpretación psicológica.
Seguridad y certeza psicótica. Hablar con firmeza no demuestra que alguien haya evaluado adecuadamente la realidad. Una apariencia de seguridad puede apoyarse en una certeza que no admite revisión. En «Cuando la certeza reemplaza al pensamiento» desarrollo por qué importa analizar cómo se organiza esa afirmación y qué lugar queda para la palabra del otro, más allá de lo convincente que parezca el relato.
Comprender exige investigar el funcionamiento
Mi planteo es que reunir manifestaciones bajo un mismo nombre puede ocultar aquello que necesitamos distinguir para intervenir.
Desde una lectura estructural, investigar una psicosis y aquello que conceptualizamos como una organización perversa exige estudiar la relación con la realidad, el lenguaje, el otro y la historia. Una lista de conductas no establece esa diferencia.
«Si queremos explicar una conducta psicológica, no alcanza con nombrarla; necesitamos identificar las operaciones cognitivas que la hacen posible».
Comprender el funcionamiento permite orientar el abordaje y acompañar a quienes resultan afectados. El sufrimiento de una pareja importa aunque todavía no sepamos explicar qué produce esas conductas.
Podés profundizar esta diferencia en «El problema del diagnóstico por síntomas», El ABC de los diagnósticos en salud mental y Cuando la certeza reemplaza al pensamiento.
También trabajamos estas herramientas en el Curso de Psicoeducación Troncal y el Curso Abreviado de Psicoeducación: aprender a reconocer manifestaciones, revisar nuestras interpretaciones y comprender qué necesita ser evaluado.
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Fuente
El ABC de la salud mental
Autora: Karina Agüero


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