¿Qué es el narcisismo?

Efrain Rodas

10/12/20262 min read

En los últimos años, la palabra narcisismo comenzó a utilizarse para explicar casi cualquier conducta que produce malestar: alguien necesita reconocimiento, habla mucho de sí mismo, reacciona mal ante una crítica o lastima a otra persona y rápidamente aparece la conclusión: «es un narcisista».

Sin embargo, nombrar una conducta no significa haber comprendido qué la produce. Y el narcisismo, como concepto psicoanalítico, no es simplemente una manera de llamar a alguien egoísta, manipulador o dañino.

¿De dónde viene la palabra?

El término remite al mito de Narciso, el joven que quedó cautivado por su propia imagen reflejada en el agua. De allí proviene su asociación habitual con la fascinación por uno mismo.

Pero su desarrollo en el psicoanálisis amplió profundamente ese significado: permitió pensar cómo se constituye el yo, cómo una persona se relaciona consigo misma y qué lugar ocupa su propia imagen en los vínculos con los demás.

El narcisismo en Freud

En Introducción del narcisismo, publicado en 1914, Freud no lo presenta exclusivamente como una patología. Le otorga un lugar en el desarrollo psíquico y en la relación entre el amor dirigido hacia uno mismo y el dirigido hacia otros.

Para explicarlo utiliza el concepto de libido, la energía de las pulsiones sexuales, entendidas en el sentido amplio del psicoanálisis. Esa energía puede dirigirse hacia el propio yo o hacia otras personas y objetos.

En su teoría, el narcisismo primario participa de la constitución del yo. El narcisismo secundario refiere al retorno hacia el yo de la libido que había sido dirigida hacia objetos externos. No son dos diagnósticos ni dos clases de personas: son conceptos para comprender movimientos del funcionamiento psíquico.

El narcisismo en Lacan

Lacan retoma esta problemática mediante su teoría del estadio del espejo. Propone que la identificación con una imagen unificada del propio cuerpo participa en la formación del yo.

Esto no se reduce a que un bebé se mire en un espejo: lo fundamental es la identificación con una imagen desde la cual comienza a reconocerse como una unidad.

Desde esta perspectiva, nuestra imagen no se construye aisladamente. También intervienen las miradas, las palabras y los lugares que ocupamos para los otros. Cómo nos nombraron, qué esperaban de nosotros y cómo fuimos reconocidos forman parte de la historia desde la cual nos pensamos.

¿Cuándo puede volverse problemático?

La cuestión no consiste simplemente en «quererse demasiado». Importa cómo se sostiene esa imagen y qué ocurre cuando alguien la cuestiona: si podemos tolerar una crítica, reconocer un límite o aceptar que el otro tiene deseos y necesidades diferentes.

Además, el concepto psicoanalítico de narcisismo no equivale al trastorno narcisista de la personalidad. Este último es una categoría diagnóstica que requiere evaluar un patrón persistente de funcionamiento y sus consecuencias. Una actitud aislada no alcanza para establecer ese diagnóstico.

Desde una lectura estructural, también necesitamos distinguir los mecanismos que producen aquello que observamos. Una apariencia de superioridad no significa siempre lo mismo: por ejemplo, sentirse elegido o poseedor de poderes extraordinarios puede formar parte de una certeza delirante durante una descompensación psicótica.

El narcisismo no explica por sí solo la intención, la estructura psíquica ni las razones de una conducta dañina. Comprenderlas requiere investigar cómo funciona ese sujeto. Y comprender no obliga a perdonar, reconciliarse ni tolerar el maltrato.

Véase también

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Fuente

El ABC de la salud mental

Autora: Karina Agüero

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