Cuando algo empieza a cambiar: ¿qué es la fase prodrómica?
En “Antes de las primeras señales: ¿qué es la fase premórbida?” explicamos por qué interesa conocer cómo vivía una persona antes del comienzo del cuadro. Ahora vamos a detenernos en ese momento en que empiezan a aparecer cambios y la persona o su familia sienten que “algo está pasando”, aunque todavía resulte difícil explicar qué.
La fase prodrómica es el período en que aparecen cambios y manifestaciones que preceden a la expresión más clara de un cuadro. Cuando estudiamos el inicio de una psicosis, podemos encontrar dificultades que, al principio, no se reconocen como relacionadas con ella.
En esta serie abordamos las primeras manifestaciones de cuadros que pueden presentar síntomas psicóticos. Estos pueden recibir distintos nombres diagnósticos, como esquizofrenia, trastorno esquizoafectivo, bipolaridad o depresión con síntomas psicóticos. Las dificultades iniciales, como la ansiedad, los pensamientos repetitivos o los problemas para relacionarse, también suelen aparecer en personas diagnosticadas con TLP, TAG o TOC durante la adolescencia o la adultez temprana. En esos casos interesa investigar qué relación tienen esas manifestaciones con el funcionamiento de la persona y con su evolución.
Al comienzo pueden aparecer dificultades para dormir o concentrarse, ansiedad, irritabilidad, menor interés por las actividades, aislamiento o cambios en el rendimiento. También pueden surgir experiencias extrañas, cierta desconfianza o dificultades para expresar lo que está ocurriendo. A veces el cambio se advierte primero en la vida cotidiana; otras veces, la persona siente algo diferente que los demás todavía no perciben.
Se llaman manifestaciones inespecíficas porque no señalan, por sí solas, un único diagnóstico. Dormir mal, estar ansioso o alejarse de los amigos puede ocurrir por diferentes motivos. Por eso importa comprender cómo aparecen esas dificultades, qué las acompaña y cómo se relacionan entre sí.
Imaginemos a Juan, que empieza a dormir mal y tiene dificultades para seguir las clases. Dice que está nervioso, se reúne menos con sus amigos y pierde interés por actividades que antes disfrutaba. Su familia piensa que está atravesando una etapa difícil. En la consulta predominan la ansiedad y los problemas de concentración.
Más adelante, Juan logra contar algo que antes no había explicado: cuando está con sus compañeros, siente que algunos comentarios podrían estar dirigidos hacia él. Se queda pensando en eso durante la clase y le cuesta concentrarse. Dice: “Me siento raro, pero no sé cómo explicarlo”.
Para comprenderlo necesitamos relacionar lo que cuenta ahora con los cambios anteriores. La dificultad para concentrarse, el aislamiento y la ansiedad podrían estar vinculados con esas experiencias. Esa relación debe investigarse escuchando a Juan y siguiendo su evolución.
Durante este período pueden recibirse otras explicaciones diagnósticas porque algunas manifestaciones son más visibles que otras. La persona también puede contar solamente aquello que reconoce o puede poner en palabras. Un diagnóstico inicial puede necesitar una revisión cuando aparece información nueva. Lo importante es que esa revisión permita comprender la continuidad de su historia.
La duración es variable: los cambios pueden desarrollarse durante meses o años. Hablar de un período de uno a cinco años puede servir para ilustrar algunos recorridos, pero no constituye un plazo obligatorio para todas las personas.
También necesitamos distinguir lo que sabemos después de lo que podemos reconocer en el momento. Cuando ya ocurrió un episodio psicótico, algunas experiencias anteriores pueden comprenderse retrospectivamente como parte de su pródromo. Mientras esos cambios están ocurriendo, no podemos asegurar que la persona desarrollará una psicosis. Precisamente por eso hablamos también de situaciones de riesgo que requieren evaluación y seguimiento.
Desde la lectura estructural que desarrollamos en esta página, buscamos comprender qué organización psíquica sostiene esas manifestaciones y qué recursos estaban permitiendo la estabilidad. Dentro de este marco, la estructura psicótica no comienza con el primer delirio evidente: interesa investigar qué venía ocurriendo y qué empezó a modificarse.
No hace falta esperar a que aparezca una crisis para consultar. Si los cambios persisten, aumentan o dificultan la vida cotidiana, merecen atención. La familia puede aportar observaciones concretas y la persona necesita un espacio donde intentar explicar lo que vive.
Podés profundizar la relación entre manifestaciones, historia y estructura en El ABC de los diagnósticos en salud mental. También encontrás una clase sobre las fases y las primeras señales de alerta en el Curso de Psicoeducación Troncal y en el Curso Abreviado de Psicoeducación.
Para continuar con este tema, leé “¿Qué son los EMAR y los síntomas psicóticos atenuados?”, donde explicamos cómo se evalúan algunas experiencias tempranas y qué significa estar en una situación de alto riesgo.
Véase también
Véase también
Véase también
Véase también
Fuente
El ABC de la salud mental
Autora: Karina Agüero


Losdosladospsicosis
Psicoeducación basada en la experiencia
📧 losdosladospsicosis@gmail.com
© 2026 Todos los derechos reservados.
LOSDOSLADOSPSICOSIS
LEGAL
EXPLORAR