Antes de las primeras señales: ¿qué es la fase premórbida?
Cuando aparecen síntomas psicóticos, la atención suele concentrarse en lo que está ocurriendo: qué experiencias tiene la persona, qué dificultades presenta y qué tratamiento necesita. Pero también necesitamos preguntarnos: ¿cómo era su vida antes de que comenzaran esos cambios?
Se llama fase premórbida al período anterior al comienzo de las manifestaciones del cuadro que estamos estudiando. Conocer ese período permite reconstruir cómo se desenvolvía la persona y distinguir su funcionamiento habitual de aquello que empezó a modificarse. Este concepto se utiliza especialmente al estudiar el inicio de los trastornos psicóticos.
“Premórbida” significa anterior a la enfermedad. Eso no quiere decir que la persona nunca hubiera tenido dificultades, sufrimiento u otros problemas de salud. La pregunta es cómo funcionaba antes del comienzo de las manifestaciones que ahora requieren atención.
Para comprender ese tiempo interesa conocer cómo aprendía, cómo se relacionaba, cómo expresaba lo que sentía, qué actividades disfrutaba y con qué dificultades y apoyos contaba. Su historia permite reconocer tanto los cambios como los recursos que pueden ayudar a acompañarla.
Imaginemos a Tomás, un adolescente que siempre fue reservado. Tiene dos amigos, disfruta dibujar y suele pasar bastante tiempo solo. Participa de las actividades que le interesan y mantiene sus hábitos. Ser reservado describe una característica suya; por sí sola, no permite identificar una enfermedad.
Ahora imaginemos que empieza a dejar de dibujar, evita a esos amigos, duerme mal y tiene dificultades para seguir las clases. Su familia dice: “Siempre fue callado, pero esto es distinto”. Para entender esa diferencia necesitamos escuchar qué está viviendo Tomás y relacionarlo con su historia.
En Martina, que habitualmente disfruta salir y conversar, los cambios podrían hacerse visibles de otra manera. Por eso importa conocer a cada persona: ¿qué cambió respecto de su propia vida, desde cuándo ocurre y cómo la está afectando? Los cambios persistentes o crecientes en el sueño, los vínculos, el pensamiento y el desempeño cotidiano merecen una evaluación, aunque por sí solos no establezcan un diagnóstico.
Reconstruir la historia exige escuchar también a la persona. La familia puede reconocer cambios en sus hábitos, mientras que ella puede contar experiencias que los demás no habían advertido. Ambas perspectivas ayudan a comprender lo ocurrido, sin convertir cada recuerdo de la infancia en una supuesta señal de enfermedad.
¿A qué trastornos nos referimos cuando hablamos de síntomas psicóticos? En las categorías utilizadas por el DSM podemos encontrarlos en la esquizofrenia, el trastorno esquizoafectivo, el trastorno esquizofreniforme, el trastorno psicótico breve, el trastorno delirante, los trastornos psicóticos inducidos por sustancias o medicamentos, los debidos a otra afección médica y las categorías psicóticas especificadas o no especificadas. También pueden aparecer en el trastorno bipolar I, en episodios depresivos del trastorno bipolar II y en la depresión mayor con características psicóticas.
Asimismo, pueden presentarse manifestaciones psicóticas en algunas personas con TLP —trastorno límite de la personalidad— o trastorno esquizotípico de la personalidad, y en cuadros como el delirium y los trastornos neurocognitivos. El TOC, el trastorno dismórfico corporal y el trastorno de acumulación contemplan el especificador “ausencia de introspección/con creencias delirantes”. Estas categorías tienen evoluciones diferentes; conocer el funcionamiento previo resulta útil sin suponer que todas atraviesan las mismas fases.
En esta página, además, trabajamos desde una lectura de la estructura psíquica. Dentro de este marco, la estructura psicótica puede permanecer estable sin síntomas psicóticos evidentes y presentar distintas manifestaciones durante una descompensación. La aparición de un síntoma no equivale al comienzo de la estructura. Los nombres del DSM y las estructuras psíquicas pertenecen a marcos diferentes: su relación necesita investigarse en cada persona y no puede deducirse automáticamente de una etiqueta.
Podés profundizar la diferencia entre síntomas, diagnóstico y estructura psíquica en nuestro texto El ABC de los diagnósticos en salud mental.
También encontrás una clase sobre las fases y las primeras señales de alerta en el Curso de Psicoeducación Troncal y en el Curso Abreviado de Psicoeducación. Allí explicamos cómo reconocer cambios, comprenderlos en relación con la historia de la persona y acompañar la consulta oportuna.
Conocer cómo vivía antes permite comprender mejor qué comenzó a cambiar. Ese será el tema del siguiente artículo: “Cuando algo empieza a cambiar: ¿qué es la fase prodrómica?”
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Fuente
El ABC de la salud mental
Autora: Karina Agüero


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