"Tengo miedo de que mi ansiedad, TOC o TLP evolucione a esquizofrenia"
¿La ansiedad severa puede provocar esquizofrenia? Tengo ansiedad severa y me disocio, pero mi psiquiatra no me da benzodiacepinas. Lo paso muy mal siento mucha irrealidad, tengo pensamientos intrusivos, fobia social y me preocupa mucho desarrollar esquizofrenia, tengo TLP, depresión mayor y ansiedad. Cumplo con los síntomas que has publicado, pero también pienso que es algo genético. Soy muy excéntrica y con muchos pensamientos irracionales pero los ignoro aunque a veces sí me preocupo.”
Este comentario permite trabajar una preocupación frecuente: el miedo a que lo que nos ocurre termine recibiendo un nombre que asociamos con algo terrible. La persona ya cuenta que está sufriendo mucho, pero una parte importante de su preocupación está puesta en la posibilidad de un diagnóstico de esquizofrenia.
La ansiedad intensa, los pensamientos intrusivos o la sensación de irrealidad no permiten concluir, por sí solos, que alguien esté desarrollando esquizofrenia. Reconocerse en una lista de señales de alerta tampoco permite anticipar ese diagnóstico. Esas experiencias necesitan ser escuchadas y evaluadas en relación con la historia y el funcionamiento de la persona.
¿Qué nos asusta de ese nombre? Muchas veces, el temor está organizado por la estigmatización social y las representaciones imaginarias que construimos sobre ese trastorno. Asociamos “esquizofrenia” con peligrosidad, internaciones permanentes, imposibilidad de trabajar, pérdida de los vínculos o una vida sin proyectos. Esas imágenes se alimentan del desconocimiento, de los relatos que circulan y de la manera en que se presenta el diagnóstico.
Así, la palabra empieza a funcionar como una sentencia sobre el futuro. Sin embargo, existen tratamientos y personas que estudian, trabajan, sostienen relaciones y desarrollan su vida con ese diagnóstico.
Puedo dar un ejemplo cercano: Efraín tiene un diagnóstico de trastorno esquizoafectivo, que combina manifestaciones del espectro de la esquizofrenia con un trastorno del estado de ánimo. Jamás tuvo internaciones. Tiene familia, trabajo, vida social y una vida funcional. Su diagnóstico no borra nada de eso.
Mientras tanto, conozco personas diagnosticadas con TAG o TLP que atravesaron numerosas internaciones y tienen grandes dificultades para sostener su vida cotidiana. Un nombre que nos resulta menos preocupante no garantiza un padecimiento menor, y un nombre que nos asusta no determina por sí solo cómo será nuestra vida.
Entonces, ¿qué preferimos: conservar un diagnóstico que nos tranquiliza por su nombre, aunque el sufrimiento continúe y el tratamiento no resulte adecuado, o comprender mejor lo que ocurre y encontrar un abordaje que permita vivir mejor?
No tiene sentido convertir el nombre del diagnóstico en una medida de cuánto futuro tiene una persona. Necesitamos considerar su padecimiento, su evolución, sus recursos, sus apoyos y la respuesta al tratamiento.
En “El problema del diagnóstico por síntomas” explicamos por qué pueden cambiar los nombres sin que cada cambio signifique necesariamente una enfermedad nueva. En “¿Qué pasa cuando el diagnóstico no considera la estructura psíquica?” desarrollamos por qué, desde nuestra perspectiva, interesa comprender el funcionamiento que sostiene esas manifestaciones. También podés profundizar esta diferencia en El ABC de los diagnósticos en salud mental.
Ese es uno de los objetivos de Los Dos Lados Psicosis: informar para que nuestras decisiones no queden organizadas por el estigma y las imágenes que asociamos con determinados diagnósticos. Un diagnóstico debe ayudarnos a comprender lo que ocurre y orientar el tratamiento.
En el Curso de Psicoeducación Troncal y en el Curso Abreviado de Psicoeducación trabajamos estas diferencias, las primeras señales de alerta y el acompañamiento familiar. Comprender qué significa un diagnóstico permite formular mejores preguntas y participar con más información en el tratamiento.
Recibir un diagnóstico no significa que una vida plena sea imposible. Lo que merece nuestra atención es el sufrimiento que continúa sin una respuesta adecuada y las demoras que puede generar un diagnóstico equivocado. La pregunta central es qué necesitamos comprender y tratar para que esa persona pueda vivir mejor.
Véase también
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Fuente
El ABC de la salud mental
Autora: Karina Agüero


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