¿Qué consecuencias pueden tener los síntomas psicóticos prolongados sin tratamiento?
El tiempo sin tratamiento también importa
Una descompensación psicótica puede prolongarse durante meses o años cuando nadie reconoce lo que está ocurriendo o cuando la persona no logra acceder a una evaluación adecuada.
Durante ese tiempo pueden deteriorarse sus relaciones familiares, perderse vínculos importantes, interrumpirse estudios o trabajos y aparecer dificultades para sostener actividades cotidianas.
También pueden observarse alteraciones en funciones cognitivas como la atención, la memoria, la planificación y otras funciones ejecutivas. Sin embargo, estas dificultades no necesariamente comienzan durante la descompensación ni pueden atribuirse exclusivamente al tiempo sin tratamiento: algunas pueden estar presentes desde antes y su evolución varía según el cuadro.
En psiquiatría se estudia la duración de la psicosis no tratada, es decir, el tiempo que transcurre entre el comienzo de los síntomas psicóticos y el inicio de un tratamiento adecuado. Los períodos más prolongados sin atención se han asociado con peores resultados clínicos y funcionales, incluyendo mayor persistencia de síntomas, menores posibilidades de remisión y más dificultades para recuperar el funcionamiento cotidiano. Esta asociación no significa que todas las personas tengan la misma evolución ni que el tiempo sin tratamiento sea el único factor que la determina.
Existe, además, una hipótesis conocida como neurotoxicidad de la psicosis, según la cual la actividad psicótica prolongada podría contribuir a determinados cambios neurobiológicos. Esta hipótesis no está demostrada como una explicación general de daño cerebral progresivo o irreversible. Los resultados de las investigaciones son heterogéneos y el alcance de estos mecanismos continúa siendo objeto de estudio. Esto no disminuye la importancia de reconocer y tratar tempranamente los cuadros psicóticos.
La intervención temprana puede mejorar la evolución clínica y reducir las consecuencias de permanecer mucho tiempo sin tratamiento. Los abordajes integrales para primeros episodios psicóticos han mostrado beneficios en los síntomas, la calidad de vida y la participación en estudios o trabajos.
Por eso, cuando un profesional le dice a una familia que «solo se puede ayudar a quien quiere ser ayudado», sin considerar que la persona podría carecer de conciencia de enfermedad, esa recomendación puede contribuir a retrasar una intervención necesaria.
Y el tiempo que transcurre sin tratamiento no siempre es indiferente.
Además del impacto en los vínculos y el funcionamiento cotidiano, en determinadas descompensaciones pueden aparecer situaciones de riesgo para la propia persona o para terceros. Algunas conductas extremas pueden ocasionar lesiones que dejen secuelas irreversibles.
También pueden producirse consecuencias económicas importantes. Por ejemplo, durante algunos episodios de manía —que pueden acompañarse de síntomas psicóticos— una persona puede gastar o regalar grandes sumas de dinero, asumir deudas o involucrarse en decisiones económicas que comprometan su patrimonio y el de su familia. Asimismo, pueden aparecer conductas sexuales de riesgo que aumenten la exposición a infecciones de transmisión sexual. Estos riesgos dependen del cuadro y de la situación particular; no se presentan de la misma manera en todas las personas.
El tratamiento puede ayudar a estabilizar los síntomas, pero algunas consecuencias de lo ocurrido durante el episodio pueden continuar después. Por eso, intervenir tempranamente también significa intentar prevenir daños que no se resuelven automáticamente cuando la persona recupera su estabilidad.
La diferencia que necesitamos aprender
Cuando una persona rechaza recibir ayuda, necesitamos preguntarnos por qué.
No es lo mismo alguien que reconoce sus dificultades y decide no iniciar un tratamiento que una persona que, durante una descompensación psicótica, no puede identificar sus experiencias delirantes como síntomas.
Confundir ambas situaciones puede tener consecuencias importantes para su salud y para la vida de su familia.
Por eso, antes de repetir que «solo se puede ayudar a quien quiere ser ayudado», necesitamos preguntarnos:
¿Esa persona puede reconocer que necesita ayuda?
Porque si no puede hacerlo debido a una alteración del juicio de realidad, nuestra tarea no consiste simplemente en esperar a que cambie de opinión.
Consiste en comprender qué está ocurriendo y buscar las estrategias clínicas adecuadas para que pueda acceder a una evaluación y, cuando corresponda, a un tratamiento.
No podemos exigir conciencia de enfermedad como condición previa para ayudar a una persona cuando la falta de esa conciencia puede formar parte de la propia enfermedad.
Y este es uno de los motivos por los que necesitamos profesionales capaces de reconocer fenómenos psicóticos, evaluar el juicio de realidad y orientar correctamente a las familias.
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Fuente
El ABC de la salud mental
Autora: Karina Agüero


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