¿Qué son los BLIPS? (Síntomas psicóticos breves o intermitentes)

Karina Agüero

12/10/20263 min read

Una persona empieza a escuchar voces que los demás no oyen, está convencida de que la persiguen o interpreta que ciertos mensajes están dirigidos especialmente hacia ella. Después parece más tranquila y la familia piensa: “Se calmó. Ya se le pasó”. ¿Alcanza esa mejoría para dar la situación por resuelta?

Cuando hablamos de BLIPS, el punto que necesitamos comprender es que ya aparecen síntomas psicóticos francos. No estamos hablando solamente de ansiedad, dificultades para dormir o cambios inespecíficos que podrían observarse durante un pródromo. Tampoco de experiencias atenuadas: hay manifestaciones psicóticas que necesitan atención.

Pueden aparecer alucinaciones, ideas delirantes o una desorganización importante del discurso. La persona puede vivir esas experiencias como reales y actuar en función de ellas. Por ejemplo, dejar de salir porque siente que la siguen o esconderse porque escucha una voz que la amenaza.

Imaginemos a Clara, que está convencida de que alguien intervino su teléfono y la vigila. Escucha una voz que los demás no oyen, tiene miedo y deja de salir. Su familia intenta tranquilizarla. Más adelante, Clara vuelve a conversar y deja de mencionar aquellas experiencias.

La familia siente alivio y decide que ya está bien. Sin embargo, necesitamos saber qué ocurrió y cómo está ahora. Que deje de hablar de algo no significa necesariamente que haya dejado de vivirlo. Podría seguir sintiéndose vigilada y preferir no contarlo.

También puede haber una disminución real de las manifestaciones. Esa mejoría importa, pero no explica por sí sola qué pasó ni permite asegurar que la situación esté resuelta.

Por eso, la aparición de síntomas psicóticos requiere una evaluación sin esperar a ver si se pasan. Y si ya disminuyeron cuando la familia comprende lo sucedido, sigue siendo importante consultar y contar el episodio.

La evaluación necesita reconstruir cómo comenzaron las experiencias, qué cambios las precedieron, cómo las vivió la persona y qué consecuencias tuvieron. También debe considerar su salud, el sueño, los medicamentos y el consumo de sustancias, entre otros aspectos.

Desde la lectura estructural que desarrollamos en esta página, la desaparición de una manifestación tampoco equivale a la desaparición de la estructura psíquica. Interesa comprender qué se desestabilizó, qué permitió recuperar la estabilidad y qué recursos y apoyos necesita la persona para sostenerla.

La familia puede ayudar aportando información concreta: qué decía la persona, qué parecía escuchar o percibir, cómo dormía y qué actividades había dejado de hacer. Es importante escuchar también a quien atravesó esas experiencias, sin convertir la conversación en una discusión para demostrarle que está equivocado.

Si hay riesgo de daño, confusión intensa o dificultades importantes para cuidarse, corresponde acudir a una guardia. La consulta permite evaluar qué atención necesita; no hace falta esperar a que el episodio se vuelva más evidente.

Podés profundizar estas diferencias en “¿Qué son los EMAR y los síntomas psicóticos atenuados?”, “El problema del diagnóstico por síntomas” y “¿Qué pasa cuando el diagnóstico no considera la estructura psíquica?”. También desarrollamos la relación entre manifestaciones y funcionamiento en El ABC de los diagnósticos en salud mental.

En el Curso de Psicoeducación Troncal y en el Curso Abreviado de Psicoeducación encontrás una clase sobre las fases y las primeras señales de alerta. Para continuar, leé “De las primeras señales a la atención temprana: ¿por qué psicoeducar es prevenir?”.

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Fuente

El ABC de la salud mental

Autora: Karina Agüero

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