¡EL PSICÓPATA NACE ASÍ!» ¿QUÉ DEMUESTRAN LOS ESTUDIOS Y QUÉ NECESITAMOS INVESTIGAR?

Karina Agüero

10/14/20263 min read

Se repite con mucha seguridad que «el psicópata nace». A veces, esa afirmación se presenta acompañada de imágenes cerebrales o de referencias a diferencias en determinadas regiones del cerebro. Sin embargo, encontrar una diferencia cerebral no permite establecer automáticamente cuándo apareció, cómo se desarrolló ni qué relación causal mantiene con una conducta. El cerebro que observamos después de veinte, treinta o cuarenta años de vida no constituye una fotografía del cerebro al nacer. Ese es uno de los problemas que planteo en «¿Cómo se aprende a ser psicópata? Lo que Mindhunter puede enseñarnos sobre cómo se construye un criminal». La experiencia participa en el desarrollo cerebral: los vínculos, el estrés y las condiciones de cuidado forman parte de esa historia. Por eso, convertir una característica observada en la adultez en una prueba de su origen innato implica un salto que necesita evidencia adicional.

En la introducción del ensayo recupero distintas investigaciones fundamentales para pensar este problema. Teicher y colaboradores (2003) revisaron las consecuencias neurobiológicas del estrés temprano y el maltrato infantil, incluyendo diferencias en el cuerpo calloso y en regiones corticales y límbicas. Bauer y colaboradores (2009) encontraron menor volumen en regiones superiores posteriores del cerebelo de niños que habían atravesado negligencia temprana, junto con asociaciones con su desempeño cognitivo. Gold y colaboradores (2016) observaron asociaciones entre experiencias de abuso infantil y menor grosor cortical en regiones relacionadas con el procesamiento emocional, entre ellas áreas prefrontales. Lim, Radua y Rubia (2014) reunieron doce conjuntos de datos y encontraron diferencias de materia gris asociadas con antecedentes de maltrato infantil. Hein y Monk (2017) analizaron veinte estudios, con 1.733 participantes, y encontraron mayor respuesta bilateral de la amígdala ante estímulos emocionales en personas con antecedentes de maltrato, mientras que McCrory y colaboradores (2011) también habían observado mayor reactividad ante señales de amenaza en niños expuestos a violencia familiar.

Ninguno de estos trabajos demuestra que «el psicópata nace». Estudian relaciones entre adversidad temprana y características cerebrales; no establecen un origen innato de la psicopatía. Tampoco demuestran que el maltrato produzca inevitablemente psicopatía o criminalidad, y Teicher, Tomoda y Andersen (2006) señalan precisamente las limitaciones metodológicas para establecer causalidad a partir de los estudios humanos disponibles, advirtiendo que los datos son de carácter correlacional.

Entonces, ¿qué pretende este ensayo? Propongo mirar Mindhunter desde la psicopedagogía y ampliar nuestra idea de aprendizaje. Aprender también incluye construir formas de interpretar el mundo, responder a la frustración, ejercer poder y relacionarse con los demás. La pregunta será: ¿cómo llegó este sujeto a organizar su experiencia de esta manera y qué aprendizajes participaron en ese recorrido? Esto no supone negar condiciones biológicas, sino investigar cómo se articulan con la experiencia, en lugar de presentar biología e historia como explicaciones excluyentes.

La serie permite seguir, además, dos procesos simultáneos: la reconstrucción de las historias de los criminales y el aprendizaje de los investigadores que intentan comprenderlos. Los agentes escuchan, comparan, se equivocan y descubren que sus categorías no siempre alcanzan. Desde el marco psicoanalítico que desarrollo, también analizaremos el lenguaje y la relación del sujeto con la realidad, la ley, el límite y el otro, distinguiendo psicosis y perversión como herramientas de lectura sin convertirlas en etiquetas deducidas de una conducta aislada. Es un ensayo en construcción, que irá creciendo capítulo por capítulo con el propósito de avanzar desde una palabra que parece explicarlo todo —«psicópata»— hacia preguntas que permitan investigar cómo se constituye y funciona cada sujeto.

Textos relacionados para seguir pensando

Este recorrido se complementa con los textos sobre empatía:

  • ¿Qué es la empatía?

  • ¿La empatía y la compasión son lo mismo?

  • Empatía no es simpatía.

En ellos profundizamos en una distinción fundamental: comprender la perspectiva de otra persona no equivale a aprobar su conducta, sentir pena por ella ni querer ayudarla.

Para profundizar en el aprendizaje y las categorías que utilizamos para comprender a un sujeto:

Fuente

Autora: Karina Agüero

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