¿El ambiente puede modificar nuestra biología?

@juanmagiaok

8/17/20261 min read

El cerebro no se desarrolla aislado del mundo. Desde los primeros años, las experiencias participan en la organización de los circuitos que regulan el miedo, la atención y la respuesta frente al peligro. Entre las estructuras involucradas se encuentra la amígdala, una región cerebral fundamental para detectar amenazas y otorgarles valor emocional.

Cuando un niño crece en un ambiente seguro, aprende que la alarma puede apagarse: alguien responde, protege, explica lo que ocurre y ayuda a recuperar la calma. En cambio, cuando vive expuesto de manera persistente a gritos, violencia, abandono, humillaciones o imprevisibilidad, su cerebro necesita adaptarse a un mundo que parece peligroso. La amígdala puede volverse más reactiva y mantenerse en vigilancia aun cuando no exista una amenaza inmediata.

Diversas investigaciones también encontraron diferencias en su volumen. Sin embargo, no existe una regla simple según la cual la hostilidad siempre produzca una amígdala más grande o más pequeña. Los resultados varían de acuerdo con el tipo de adversidad, su intensidad, la edad en que ocurrió y el tiempo durante el cual se sostuvo. En algunos casos se observó un aumento inicial asociado a la exposición al estrés; en otros, una reducción relacionada con experiencias prolongadas o más graves. Lo más consistente es que el ambiente puede modificar tanto su desarrollo como su funcionamiento.

Esto demuestra que aquello que vivimos no permanece solamente en el terreno de los recuerdos. El estrés sostenido interviene sobre las hormonas, el sistema inmunológico, la expresión de los genes y la construcción de conexiones cerebrales. El ambiente se inscribe, de manera material, en el cuerpo.

Sin embargo, una modificación biológica no constituye necesariamente un destino irreversible. El cerebro conserva plasticidad: los vínculos protectores, la estabilidad, el tratamiento y las nuevas experiencias pueden favorecer otras formas de regulación. Nuestra biología lleva marcas de la historia vivida, pero esa historia también puede seguir transformándose.

Fuente

Autora: Karina Agüero

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