Percepción e integración sensorial en los cuadros con síntomas psicóticos

Karina Agüero

12/10/20263 min read

Percibir es recibir información a través de los sentidos y organizarla para reconocer qué está ocurriendo. Escuchamos sonidos, vemos formas y colores, sentimos contactos, temperaturas y movimientos. Pero recibir un estímulo no es lo mismo que comprenderlo: necesitamos relacionarlo con otras experiencias, reconocer de dónde proviene y darle un lugar en lo que estamos viviendo.

Por ejemplo, escuchar un ruido fuerte es recibir un estímulo. Reconocer que es un trueno, relacionarlo con la tormenta y entender que estamos protegidos dentro de casa implica integrar distintas informaciones.

En esta página nos interesa especialmente cómo aprendemos a organizar esa experiencia y qué lugar ocupa el lenguaje en ese proceso.

Un niño escucha un trueno y se sobresalta. Una persona que lo cuida le dice: “Es un trueno. Está lloviendo. Estamos adentro”. Mientras habla, lo acompaña, le muestra la lluvia y le transmite tranquilidad. El niño va relacionando el sonido con una explicación, una situación y una experiencia corporal. Esa palabra participa en la construcción de un mundo que empieza a resultar reconocible.

¿Quién es el Otro con mayúscula?

En el marco psicoanalítico que utilizamos, el Otro es el lugar del lenguaje, de los significados y de las reglas compartidas que existen antes de que nosotros podamos hablar.

Ese lugar se hace presente a través de quienes nos cuidan, nos hablan y nos ayudan a comprender el mundo. Puede encarnarse en la madre, el padre, otros cuidadores y, más adelante, en docentes e instituciones. No se reduce a una persona determinada.

Cuando alguien nos dice “eso está caliente”, “ese ruido viene de afuera” o “te asustaste”, nos ofrece palabras para distinguir experiencias, reconocer sensaciones y relacionarlas con lo que ocurre.

Incluso antes de comprender esas palabras, participamos de intercambios de voces, miradas, gestos y cuidados. El aprendizaje comienza antes de que podamos explicar lo que estamos aprendiendo.

Un aprendizaje que sucede sin que lo advirtamos

Gran parte de este proceso es implícito: aprendemos sin proponernos estudiar y sin registrar conscientemente cada aprendizaje.

El niño no piensa: “Ahora estoy aprendiendo a reconocer un trueno”. Tampoco el adulto necesita pensar: “Estoy enseñándole a organizar su experiencia”. Sin embargo, en esos intercambios cotidianos se van construyendo relaciones entre lo que se siente, lo que sucede y lo que puede nombrarse.

Por eso, que no recordemos cómo aprendimos algo no significa que ese aprendizaje no haya ocurrido.

Nuestra manera de reconocer el mundo se construye mediante la maduración del organismo, la experiencia y el intercambio con otros. Desde nuestra lectura, la palabra del Otro ocupa un lugar constitutivo en cómo esa experiencia adquiere un sentido compartido.

Integrar los sentidos e integrar los significados

La integración sensorial permite combinar información de distintos sentidos: vemos una puerta cerrarse y escuchamos el golpe como partes de un mismo acontecimiento. El lenguaje, a su vez, participa en su reconocimiento y significado: “Fue la puerta que se cerró con el viento”.

Estos procesos se relacionan, aunque no sean idénticos. El lenguaje tampoco actúa solamente después de percibir: investigaciones experimentales muestran que escuchar una palabra puede facilitar la detección visual de aquello que nombra.

¿Qué relación tiene esto con los síntomas psicóticos?

Desde la hipótesis que desarrollamos en esta página, interesa investigar qué ocurre cuando se altera la articulación entre las sensaciones, el lenguaje y los significados que organizan la experiencia.

Puede volverse difícil reconocer el origen de una experiencia, ubicarla en su contexto o distinguir lo que se percibe de lo que se interpreta. Un ruido puede adquirir un significado amenazante o una coincidencia puede vivirse como un mensaje dirigido personalmente.

Esto requiere comprender la experiencia completa de esa persona. Una dificultad sensorial aislada no permite identificar una estructura ni explicar por sí sola un síntoma psicótico.

Nuestro planteo propone estudiar cómo se constituyó esa organización y qué cambia durante una descompensación. Lo desarrollamos en “El lenguaje como origen de la psicosis” y en ¿Cómo llegaste a ser quien sos? La herencia, el cerebro, el lenguaje y los vínculos en la formación del psiquismo.

Esta base nos ayudará a comprender los artículos “¿Qué es una alucinación?” y “¿Qué es un delirio?”. También podés ampliar nuestra perspectiva sobre el funcionamiento psíquico y el acompañamiento en el Curso de Psicoeducación Troncal y el Curso Abreviado de Psicoeducación.

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Fuente

El ABC de la salud mental

Autora: Karina Agüero

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