El psiquiatra me atendió solo unos minutos y me medicó: ¿eso es correcto?
“Fui al psiquiatra, me atendió diez minutos y me dio tres medicamentos. ¡Ni me conoce!” Esta es una crítica que escucho con frecuencia. Para comprenderla, necesitamos distinguir dos cosas: conocer en profundidad a una persona y reconocer manifestaciones clínicas que requieren tratamiento.
Un profesional puede obtener información suficiente para iniciar una intervención antes de conocer toda la historia de quien consulta. La rapidez con la que reconoce un cuadro también depende de su formación y de su experiencia específica en ese tema.
En mi experiencia profesional me ha pasado
Después de muchos años evaluando autismo, me ha pasado observar a un niño en una plaza o en una sala de espera y reconocer manifestaciones claras que me hacen pensar en TEA. Mi atención está entrenada para advertir ciertos aspectos de su comunicación, sus interacciones y su comportamiento. No estoy mirando solamente esos minutos: estoy mirando desde los años de evaluación, pruebas y atención clínica que fui acumulando.
Sin embargo, todavía no sé qué entristece a ese niño, qué cosas lo alegran, cuáles son las situaciones particulares que lo desorganizan o qué dibujitos le gustan. Para comprender todo eso necesito conocerlo, escucharlo y trabajar con su historia y su familia.
Reconocer una presentación clínica no equivale a conocer toda la experiencia de esa persona. Son tareas diferentes que se complementan.
¿Qué puede reconocer el psiquiatra en unos minutos?
Algo semejante ocurre en la consulta psiquiátrica. El profesional escucha qué cuenta la persona y cómo lo cuenta, observa cómo organiza sus pensamientos y pregunta por los cambios en el sueño, el ánimo y su funcionamiento cotidiano.
Algunas manifestaciones pueden resultar muy claras para quien tiene experiencia clínica, aunque no lo sean para alguien que no se dedica a esa tarea. Cuanto más reconocible sea una presentación y mayor experiencia tenga el profesional en ese tipo de cuadros, más rápidamente puede orientar su evaluación.
El tiempo necesario también depende de la complejidad de la situación, de lo que la persona puede expresar y de la información disponible. Hay cuadros que se reconocen con mayor facilidad y otros que requieren más tiempo para aclararse.
¿Necesita conocer toda mi vida para medicarme?
Para formular un diagnóstico presuntivo e iniciar un tratamiento, no necesita haber reconstruido en profundidad toda tu historia. Un diagnóstico presuntivo es una primera hipótesis clínica que permite orientar la intervención y que se revisa o se precisa durante el seguimiento.
Sí necesita conocer los datos relevantes para decidir esa medicación: qué te ocurre, desde cuándo, cómo evolucionó, qué antecedentes tenés, qué otros medicamentos o sustancias consumís y cómo respondiste a tratamientos anteriores. También debe considerar tu salud física y los posibles riesgos de la indicación.
La pregunta es si obtuvo información suficiente para fundamentar el tratamiento. La duración de la consulta, tomada aisladamente, no nos permite responder eso.
Aliviar el padecimiento también permite seguir trabajando
Hay personas que llegan a una consulta con un malestar que dificulta dormir, sostener sus actividades, relacionarse o participar de un tratamiento psicológico. En esas situaciones, empezar a aliviar lo que ocurre puede ser una parte necesaria del abordaje.
No siempre necesitamos comprender todas las causas antes de comenzar a tratar el padecimiento. La medicación puede ofrecer mejores condiciones para que la persona continúe trabajando sobre sus dificultades, su historia y su manera particular de vivir lo que le pasa.
Por eso, el tratamiento farmacológico, el trabajo psicológico y la psicoeducación pueden complementarse. En las consultas centradas en medicación, el psiquiatra se ocupa especialmente de la evaluación médica, la prescripción y el seguimiento. Algunos psiquiatras también realizan psicoterapia.
¿Y si me indicó varios medicamentos?
La cantidad de medicamentos no explica, por sí sola, si la indicación fue adecuada. Cada medicamento necesita una razón clínica y un lugar dentro del tratamiento. La persona debe poder comprender para qué se indica, qué mejoría se espera, qué efectos necesita observar y cuándo se evaluará la respuesta.
Que el profesional haya prescrito rápidamente tampoco permite concluir que lo hizo por un arreglo con una farmacéutica. La experiencia clínica puede ayudar a comprender cómo llegó a una indicación en poco tiempo; la explicación de esa indicación permite que el paciente entienda la propuesta.
Por eso la psicoeducación sostiene los tratamientos
Desde mi trabajo como psicoeducadora, considero necesario explicar estas diferencias. Si una persona cree que el psiquiatra debe conocer cada detalle de su vida antes de medicarla, puede interpretar una primera prescripción como falta de interés.
Comprender la función de cada espacio permite participar mejor del tratamiento. También permite preguntar: “¿Qué está buscando tratar?”, “¿Para qué sirve cada medicamento?” y “¿Cómo vamos a saber si me está ayudando?”.
El psiquiatra puede reconocer qué necesita atención antes de conocer toda tu historia. Conocer esa historia sigue siendo importante, y puede desarrollarse a lo largo del tratamiento y en los distintos espacios de atención.
Empezar a aliviar el padecimiento y comprender en profundidad a la persona pueden formar parte de un mismo proceso, aunque no ocurran al mismo tiempo.
Véase también
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Fuente
El ABC de la salud mental
Autora: Karina Agüero


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