La supersticiosa lectura del psicótico
En esta publicación que forma parte del volumen de relatos de no ficción "¿De qué hablo cuando hablo de psicosis?" relato tres episodios de delirios y certeza psicótica.
En el Alquimista, el personaje principal deduce un inminente ataque a la aldea donde está siendo hospedado a partir del vuelo de un par de pájaros. Esta es la forma clásica de la lectura sobrecargada de sentido del sujeto psicótico, también conocida como hipersignificación. Es pertinente recordar que su autor brasilero, Paulo Cohelo, atravesó un padecimiento mental que lo llevó a pasar tres internaciones diferentes en un hospital psiquiátrico de Brasil donde llegó a recibir varias sesiones de terapia electroconvulsiva.
El vuelo de unos pájaros puede significar que esas aves se están cortejando, que buscan alimento o viajan a su nido, puede significar que se avecina una tormenta o que es época de emigración pero de lo que podemos estar seguros es que no significa que un enemigo está próximo a atacarnos. Lo que dos pájaros volando significa, en principio, es que esos dos pájaros han volado. Este proceder es el propio de la lectura sobrecargada de sentido que puede o tiende a realizar el psicótico. Frente a un signo: el vuelo de unos pájaros, surge una interpretación: ataque inminente de un enemigo, que excede las posibilidades del signo en sí mismo.
Cuando empecé mi noviazgo con Karina, ahora mi esposa y madre de mis tres hijos, era bien común que su teléfono móvil estuviese a la vista siempre al alcance de nuestras manos. Yo jamás lo tocaba y aunque no debería ser necesario aclararlo ya había sido víctima de infidelidades grotescas en relaciones anteriores y las ganas de revisarlo me acosaban. Me llamaba la atención que las llamadas y las notificaciones estuviesen en silencio. Me preguntaba porqué no quería que yo anoticie sus conversaciones en curso. Tenía una sola conjetura al respecto y me parecía que no era posible un razonamiento diferente que no fuese ingenuo: Karina tenía conversaciones con terceros subidas de tono durante nuestra relación monogámica pero nunca llegaban a concretarse ¿Pero, era cierto que nunca llegaban a concretarse? La atención que me prestaba era muy diferente de la atención que me habían prestado aquellas chicas que sí me habían engañado. Por este motivo, me parecía improbable que se estuviese viendo con alguien más. Pero, para alimentar el fuego de la desconfianza que ella no había encendido, a partir de cierto punto, su teléfono empezó a desaparecer de nuestro alcance para descansar oculto en su cartera. No había opciones, ella estaba ocultando algo y algo que es necesario ocultarse cuando estamos en una relación oficial son las relaciones extraoficiales que llevamos adelante. Me ví obligado a poner en marcha una pesquisa de su teléfono que en mis fracasadas y traicioneras relaciones anteriores no había podido hacer (del todo).
Una madrugada, mientras Karina dormía, tomé el aparato y me escondí en el baño para hacer una revisión. No había mensajes comprometedores. Había una cantidad enorme de llamados de números sin agendar, los correos electrónicos no eran sospechosos salvo algunos remitentes que me parecieron dudosos y tuve que comprobar que eran comunicaciones de su trabajo. Había una cantidad ilógica de autofotografías en ropa interior que, sin duda, compartía con sus amantes porque yo nunca las había recibido. Karina era una experta eliminando evidencias porque no había rastros de terceros y las fotos eran de simple explicación. El signo: teléfono esquivo. La interpretación: está siendo infiel.
Una noche, tan insignificante como para no dejar una huella en el calendario, iba manejando y, de pronto, quedó justo delante mío un coche cuyas letras de la patente eran JTV. Tratar de describir o siquiera recuperar la retahíla de asociaciones que la unían a mi equivalente patente me llevaron al hallazgo es imposible para mí y de ahí su halo milagroso. Pero, sin la posibilidad de objetar o al menos dudar de mis pensamientos supe que ese era un infranqueable mensaje para mí “Jesucristo Te Ve”. Quizás, sea importante aclarar que yo no era el tipo de persona demasiado practicante de la religión aunque no me definía como un ateo. Había algo de la religión que no me terminaba de convencer y algo de la fe que me parecía inevitable. Además, que yo no fuese del tipo de ratón de iglesia no significaba que Dios no tratara de comunicarse conmigo en algún idioma que solo yo pudiese comprender. No sabía qué hacer así que hice lo que me pareció correcto. Además, pensé, dado que no sé qué hacer con este mensaje que Dios me manda, es posible que, hacer lo que me salga sea exactamente lo que debo hacer. Empecé a seguir al automóvil casi seguro de que llegaría a una iglesia. Anduvimos por la autopista durante diez o quince minutos y cuando llegamos a la salida en Vicente López nos metimos en ese hermoso barrio. Yo iba detrás del vehículo, a cierta distancia, para no volverme sospechoso, algo que, de hecho, estaba siendo. Llegamos hasta cierto punto y el auto se detuvo en la entrada de una casa y yo seguí adelante y estacioné de modo que pude ver los movimientos a la distancia. No sabía qué comprensión debía hacer, qué acción llevar adelante así que estacioné mi auto y merodeé la casa en busca de señales. Si yo estaba en lo correcto ninguna otra persona podría leer los mensajes que Dios me mandaba. Estaba extasiado, lleno de una felicidad tan genuina y difícil de reproducir. Dentro de la casa no había movimientos de ningún tipo, entonces, el auto me traía al barrio, pensé. Caminé las cuadras alrededor durante mucho más de medía hora. Deduje que había leído mal el mensaje que recibí de Dios y volví a casa con un amargo sabor de boca pero convencido de que si Dios quería decirme algo, eventualmente, yo lo comprendería. Signo: la patente de un auto. Interpretación: mensaje de Dios.
Cuando llevábamos un semestre de novios con Karina fuimos al cumpleaños de una de sus compañeras de trabajo. No bien llegar lo primero que me llamó la atención fue la vestimenta rockera de la cumpleañera. Parecía haberse vestido para ir a un recital conmigo diez años antes. Nos acomodamos en una esquina de un quincho donde Karina y otra de sus compañeras de trabajo charlaban sobre ciertas dificultades del novio de la otra que contaba que su chico no la miraba con deseo ni la contenía ¿Qué me estaban tratando de decir? Yo también me sentía incapaz de contener a Karina, en primera medida porque no lograba saber qué era eso de contener; y mi forma de mirar a mi novia bien podía parecer asexuada porque el sexo no era una asignatura que a mí me llamara la atención. De pronto, apareció un grupo de chicas que traía una bandeja repleta de bebidas blancas y hasta una licuadora, me estaban diciendo que yo no debí haber sido tan miserable llevando solo una botella de Fernet y una Coca Cola. Aunque la invitación sugería traer lo que cada uno tomara era necesario saber compartir y no ser miserable. Recién entonces, conseguimos unas sillas y pudimos sentarnos a tomar algo cuando me percaté que todos tenían looks más rockeros que lo contrario y obviamente esto me permitía sentirme cómodo con mi apariencia siempre desubicada. Noté que la música bien podría ser la música que yo hubiese elegido. Me dí cuenta que cada cierto tiempo Karina volteaba a mirar a un chico que era atractivo y su sonrisa recordaba a la de su hermano ¿Brother issues, pensé? Entonces, me preocupé por corroborar si era cierto que se estaban echando miradas y descubrí que sí. Karina no ignoraba que esta actitud me iba a hacer enojar terriblemente porque ya había actuado de forma agresiva y descontrolada frente a hechos de esas características. Entonces ¿Por qué quería sacarme de las casillas? Todo fue tan claro; Karina, su amiga cumpleañera y todos los invitados estaban complotados para darme una lección, enseñarme a controlar mis emociones porque Karina le había hablado a sus amigas psicoeducadas sobre eso, pero también para que confiara y pudiese divertirme formando parte de un grupo. Pero esta revelación no me quito el enojo y la desesperación que me estaban ahogando ¿En qué momento me decían que era todo una farsa para ayudarme? Me acerqué al oído de Karina y le dije lo más calmado que pude Deja de mirar a ese pibe a los ojos. No me hubieses traído si querías coquetear con los demás. Obviamente esto desencadenó una tormenta interior furiosa que anegó por completo mi humor y terminó arruinando la fiesta para Karina y para mí. Signo: reunión, interpretación: complot.
Esta sobrecarga de sentido que favorece todo tipo de asociaciones extravagantes y hasta pintorescas, que tienden a estar vedadas a la lógica tradicional, es uno de los signos más habituales del pensamiento psicótico. Sería conveniente que los psicóticos pudiéramos cotejar que aquello que compone nuestros delirios es falso pero justamente la existencia del delirio implica la imposibilidad de su refutación.
Este texto forma parte del libro de ensayos de Efra “De qué hablo cuando hablo de psicosis”. Si querés leer el libro entero seguí este link
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