Cuando todo parece hablar de mí: una introducción a la autorreferencialidad
PSICOSISSUBJETIVIDADINTERPRETACIÓN
Dos personas se ríen mientras pasamos cerca y por un instante pensamos: “¿Se estarán riendo de mí?”.
Alguien publica una frase en una red social pocas horas después de que discutimos con esa persona y nos preguntamos si será una indirecta.
Entramos a un lugar, alguien nos mira y pensamos que quizás llamó nuestra atención por alguna razón.
Nada de esto alcanza para hablar de psicosis. La experiencia de preguntarnos si algo que ocurre a nuestro alrededor tiene relación con nosotros es bastante más común de lo que solemos imaginar.
El problema empieza cuando la pregunta desaparece.
¿Qué es la autorreferencialidad?
Podemos llamar autorreferencialidad, de manera sencilla, a una forma de interpretar acontecimientos del entorno atribuyéndoles una relación particular con uno mismo.
Lo importante es entender que el acontecimiento puede haber ocurrido realmente.
Las personas efectivamente se rieron.
La publicación efectivamente apareció.
Alguien efectivamente nos miró.
La cuestión no está necesariamente en la percepción del acontecimiento, sino en el significado que construimos a partir de él: eso ocurrió por mí, habla de mí, está dirigido hacia mí o tiene algo que decirme específicamente a mí.
Por eso la autorreferencialidad se relaciona estrechamente con otro fenómeno que puede aparecer en la psicosis: la hipersignificación. Cuando numerosos acontecimientos empiezan a adquirir un sentido extraordinario, algunos pueden además comenzar a organizarse alrededor del propio sujeto.
El mundo no solamente significa demasiado.
Empieza a significar para mí.
No toda referencia hacia nosotros es patológica
Sería absurdo pensar que cada vez que creemos que algo se refiere a nosotros estamos frente a un problema.
A veces efectivamente hablan de nosotros.
Una mirada puede estar dirigida hacia nosotros. Una publicación puede ser una indirecta. Dos personas pueden bajar la voz precisamente porque llegamos.
Vivimos entre otras personas y somos objeto de sus pensamientos, conversaciones, deseos, críticas y decisiones.
La pregunta interesante no es entonces:
¿Esto realmente podría tener relación conmigo?
Porque muchas veces podría.
La pregunta es qué ocurre con las demás explicaciones posibles.
Si dos compañeros dejan de hablar cuando entro, puedo sospechar que estaban hablando de mí. Pero también puedo reconocer que no tengo información suficiente para saberlo. Incluso puedo considerar mi primera interpretación muy probable y mantener, al mismo tiempo, la posibilidad de estar equivocado.
La autorreferencialidad adquiere otra dimensión cuando esa posibilidad comienza a desaparecer.
Cuando las coincidencias dejan de ser coincidencias
Imaginemos que una persona escucha una canción en la radio cuya letra coincide extraordinariamente con algo que acaba de vivir.
Puede emocionarse, sorprenderse y decir:
“Parece escrita para mí”.
La frase conserva algo fundamental: parece.
Otra cosa sería concluir que la canción comenzó a sonar en ese momento porque alguien, alguna institución, Dios, el universo o una fuerza desconocida decidió enviársela específicamente.
El acontecimiento es el mismo.
Lo que cambia es la relación entre el acontecimiento y el sujeto.
Y si esta lógica empieza a extenderse, elementos cada vez más diversos pueden incorporarse a una misma trama: una patente, una noticia, el color de una prenda, una frase escuchada accidentalmente, una publicación en Instagram, una persona que cruza la calle.
Lo azaroso empieza a retroceder.
Las cosas parecen estar ahí por alguna razón vinculada conmigo.
Del mundo compartido al mundo dirigido
Hay algo especialmente perturbador en la autorreferencialidad intensa: puede transformar progresivamente la posición que una persona ocupa dentro de su realidad.
Todos somos protagonistas de nuestra propia experiencia. Vemos el mundo inevitablemente desde algún lugar.
Pero eso no significa que seamos el centro causal de aquello que ocurre alrededor.
Miles de acontecimientos suceden sin nosotros, a pesar de nosotros y completamente al margen de nuestra existencia.
Cuando la autorreferencialidad se intensifica, esa exterioridad puede comenzar a reducirse. Lo que hacen otros, lo que aparece en los medios, ciertas coincidencias o determinados objetos empiezan a organizarse como partes de una realidad que parece tener al sujeto como destinatario.
Entonces ya no estamos solamente frente a un mundo que interpretamos.
Podemos empezar a experimentar un mundo que nos responde, nos observa, nos advierte, nos acusa o nos envía mensajes.
Y todavía queda mucho por preguntar.
¿Por qué algunas personas comienzan a sentirse destinatarias de acontecimientos que antes podían resultar indiferentes? ¿Qué relación existe entre autorreferencialidad y paranoia? ¿Cuándo una idea de referencia se transforma en una certeza delirante? ¿Por qué las redes sociales pueden convertirse en un escenario especialmente fértil para estas experiencias?
Por ahora alcanza con conservar una diferencia.
Que algo ocurra delante de nosotros no significa que ocurra por nosotros.
Y poder mantener abierta esa distancia puede cambiar por completo nuestra relación con lo que sucede.
Losdosladospsicosis
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