Comprender no significa tener que perdonar

Efrain Rodas

10/12/20263 min read

«Karina, vos decís que tiene un trastorno mental y no que es narcisista, pero ¡no es un pobrecito!»

Hay algo que necesitamos dejar especialmente claro: una persona que atraviesa un trastorno mental puede causar muchísimo daño a quienes la rodean.

Una madre, un padre o una pareja pueden haber atravesado una descompensación durante años y haber provocado un sufrimiento profundo en sus hijos o en su pareja. Pueden haberlos tratado mal, golpeado físicamente, maltratado psicológicamente, asustado con cambios de ánimo imprevisibles, rechazado o haber tenido comportamientos que afectaron profundamente sus vidas y sus vínculos. Reconocer que algunas de esas conductas podrían estar relacionadas con un trastorno mental no significa aprobarlas, minimizar sus consecuencias ni exigirles a los familiares que las acepten.

Tampoco significa que deban perdonar a esa persona, reconciliarse con ella o hacerse responsables de ayudarla.

Si acompañarla resulta demasiado difícil, si el vínculo produce sufrimiento o si existen situaciones de maltrato, sus familiares tienen derecho a establecer límites, tomar distancia y protegerse. Nadie tiene la obligación de dejarse tratar mal porque otra persona tenga una enfermedad o un trastorno mental.

Una cosa es justificar o comprender las causas de una conducta y otra muy diferente es avalarla, soportarla o aceptar situaciones de maltrato.

Sin embargo, existe una diferencia entre protegernos de una conducta que nos hace daño y creer que ya comprendimos qué le ocurre a alguien porque encontramos una etiqueta que parece describirlo y esa diferencia puede ser fundamental.

Porque una persona que podría recibir tratamiento por una patología psiquiátrica puede terminar aislada y rechazada mientras su entorno interpreta sus conductas exclusivamente como señales de narcisismo, manipulación o maldad. En lugar de reconocer posibles síntomas y buscar una evaluación en salud mental, la familia puede quedarse con una explicación aprendida en redes sociales que no ayuda a comprender el problema y que, en algunos casos, entorpece la posibilidad de realizar una derivación a psiquiatría e iniciar un tratamiento adecuado.

Ese tratamiento podría permitir que determinados síntomas disminuyan o desaparezcan y que la persona recupere capacidades y formas de relacionarse que estaban afectadas por la enfermedad. Porque una persona no es su trastorno mental.

Esto no significa que todas las personas llamadas «narcisistas» tengan psicosis, ni que una evaluación psiquiátrica vaya a resolver necesariamente los conflictos familiares. Significa que una explicación equivocada puede impedirnos reconocer una posibilidad de tratamiento.

Y ahí está uno de los problemas más importantes de la mala divulgación en salud mental: no solamente enseña conceptos de manera incorrecta, sino que esa comprensión equivocada también puede orientar las decisiones que las personas toman a partir de lo que aprendieron.

Comprender de otra manera no nos obliga a cambiar nuestros sentimientos, a perdonar ni a retomar un vínculo. No obstante, puede cambiar lo que hacemos frente a un problema.

Una hija puede decidir que necesita alejarse de su madre, otra persona puede decidir terminar una relación de pareja y, al mismo tiempo, ambas pueden comprender que aquel familiar podría necesitar atención psiquiátrica. Pueden protegerse sin necesidad de convertir a la otra persona en alguien esencialmente malvado. Pueden reconocer el daño que sufrieron sin renunciar a preguntarse qué lo produjo. Esto también puede resultar importante para sus propios procesos terapéuticos. Porque no es lo mismo comprender nuestra historia pensando que alguien actuó deliberadamente para dañarnos que descubrir que algunas de sus conductas podrían haber estado relacionadas con una pérdida del contacto con la realidad.

En una descompensación psicótica, determinadas conductas pueden producir muchísimo daño sin que exista necesariamente una intención consciente de provocarlo.

Esto no significa que nunca pueda existir una conducta deliberadamente dañina en una persona con psicosis. Significa que no debemos atribuir intenciones sin haber comprendido primero qué estaba ocurriendo. No tenemos que salvar a nadie y tampoco tenemos que perdonar a nadie.

Pero comprender que una persona pudo haber actuado desde una certeza delirante, y no desde una intención de perjudicarnos, puede modificar profundamente nuestra interpretación de lo vivido.

Hay preguntas que todavía necesitamos responder ¿Qué ocurre cuando una persona atraviesa una descompensación psicótica y no reconoce que está enferma? ¿Qué puede hacer una familia cuando su ser querido rechaza la atención psiquiátrica? ¿Es cierto que «solo se puede ayudar a quien quiere ser ayudado»? Y hay otra cuestión fundamental: ¿qué consecuencias puede tener el tiempo que una persona permanece en psicosis sin recibir tratamiento? Estas preguntas requieren explicaciones específicas y por eso las desarrollamos en otras publicaciones, donde abordamos la conciencia de enfermedad, las estrategias de intervención familiar y la importancia del tratamiento temprano.

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Fuente

El ABC de la salud mental

Autora: Karina Agüero

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