Charlas grupales

Hay preguntas que no necesitan ser respondidas en soledad

Cuando una persona o una familia atraviesa una situación relacionada con un trastorno mental, muchas de las preguntas que aparecen parecen absolutamente particulares:

¿Cómo hago para que acepte ayuda? ¿Por qué abandona el tratamiento? ¿Cómo sé si esto es grave? ¿Qué hago cuando no reconoce que algo está pasando? ¿Hasta dónde acompañar? ¿Cuándo intervenir?

Sin embargo, cuando empezamos a escuchar a otras familias descubrimos algo importante: aunque cada historia sea diferente, muchas de las preguntas se repiten.

Las charlas grupales de Los Dos Lados Psicosis son encuentros de psicoeducación coordinados por la Lic. Karina Agüero, pensados para aprender, preguntar, intercambiar experiencias y comprender mejor problemas que atraviesan muchas personas y familias.

No son una orientación individual realizada delante de otras personas.

Son otra forma de aprender.

¿Qué es una charla grupal?

Una charla es un encuentro por videollamada en el que abordamos un tema relacionado con salud mental y psicoeducación junto con varias personas.

Partimos de una idea que atraviesa todo nuestro trabajo: cuando comprendemos mejor aquello que está sucediendo, también aumentan nuestras posibilidades de pensar qué hacer.

Por eso las charlas no buscan solamente transmitir información sobre psicopatología. Trabajamos también sobre las preguntas que aparecen en la vida cotidiana: acompañamiento familiar, conciencia de enfermedad, adherencia al tratamiento, comunicación, medicación, intervenciones posibles, dificultades frecuentes y maneras de reconocer situaciones que requieren atención profesional.

Quienes participan están, fundamentalmente, en una posición de aprendientes: hay algo que necesitan comprender para poder mirar de otra manera aquello que están viviendo. Esa es también la concepción desde la que Karina piensa las orientaciones psicoeducativas.

Aprender con otros

La diferencia fundamental con una orientación individual es que una charla ocurre en grupo.

Eso modifica la manera de participar.

No esperamos que nadie relate delante de otras personas aspectos de su vida que pertenecen a su intimidad ni que exponga situaciones familiares con el mismo nivel de detalle con el que podría hacerlo durante una orientación individual.

Podés escuchar. Podés preguntar. Podés reconocer algo de tu propia experiencia en una pregunta realizada por otra persona. Podés descubrir que aquello que creías completamente excepcional también aparece en otras familias.

Y esa dimensión colectiva tiene un valor propio.

A veces aprendemos porque alguien explica algo que desconocíamos. Otras veces, porque otra persona formula la pregunta que nosotros todavía no habíamos podido formular.

¿Sobre qué hablamos?

Las temáticas pueden variar de una charla a otra, pero muchas parten de problemas que aparecen recurrentemente en las consultas y en nuestra comunidad.

La conciencia de enfermedad y la adherencia al tratamiento ocupan un lugar importante. También aparecen las dificultades para comprender determinadas conductas, las dudas acerca de la gravedad de lo que está ocurriendo, el lugar de la familia, la necesidad de tratamiento, la medicación y los distintos recursos profesionales disponibles.

Una pregunta especialmente frecuente es: ¿puede realmente estar tan mal si por momentos parece estar bien?

Una persona puede continuar trabajando, estudiando, conversando, saliendo o realizando muchas actividades cotidianas y presentar, simultáneamente, manifestaciones que necesitan evaluación y tratamiento. Esa aparente contradicción puede hacer muy difícil para una familia comprender lo que está viendo.

Las charlas permiten detenernos en estas preguntas y construir herramientas para pensarlas.

Psicoeducación no es solamente información

Hoy podemos encontrar información sobre prácticamente cualquier trastorno mental en pocos segundos.

Pero información y conocimiento no son exactamente lo mismo.

Conocer una definición no significa necesariamente poder reconocer cómo aparece un problema en la vida cotidiana. Saber el nombre de un síntoma tampoco nos dice automáticamente qué hacer cuando aparece en nuestra familia.

En el trabajo de Karina confluyen su formación como Licenciada en Psicopedagogía, sus incumbencias profesionales y su experiencia en psicoeducación, junto con un saber construido también desde la experiencia familiar con los trastornos mentales.

Las charlas nacen de ese cruce.

No buscamos acumular términos técnicos. Buscamos que aquello que aprendemos nos permita formular mejores preguntas, comprender mejor una situación y ampliar nuestras posibilidades de intervención.

¿Puedo hacer preguntas?

Sí.

Las charlas están pensadas como espacios de intercambio y no solamente como exposiciones.

Las preguntas pueden enriquecer el encuentro porque muchas veces aquello que una persona necesita comprender también resulta útil para otras. Sin embargo, por tratarse de un espacio grupal, no es posible abordar una situación particular con el nivel de profundidad de una orientación individual.

Cuando para responder responsablemente sea necesario conocer la historia, documentación, tratamiento, contexto familiar u otros elementos específicos de una persona, una charla grupal puede no ser el espacio adecuado.

En esos casos existe la posibilidad de solicitar posteriormente una orientación individual.

¿Las charlas reemplazan una consulta profesional?

No.

Las charlas son actividades psicoeducativas. No constituyen psicoterapia, consulta psiquiátrica ni atención médica. No realizan diagnósticos, no prescriben ni modifican tratamientos y no sustituyen el seguimiento de los profesionales tratantes.

También es importante tener presente que una charla grupal no es un servicio de emergencias.

Ante una situación de riesgo o urgencia es necesario recurrir a los servicios sanitarios correspondientes. En las orientaciones individuales, cuando aparecen elementos de urgencia, Karina explica su gravedad y señala la necesidad de recurrir a una guardia o recurso adecuado; el mismo límite profesional organiza las actividades grupales.

Una pregunta puede ser de muchos

Una de las experiencias más interesantes de trabajar durante años con familias y personas atravesadas por problemas de salud mental es descubrir cuánto se repiten determinadas preguntas.

Las historias no son iguales.

Las personas tampoco.

Pero no siempre tenemos que aprender solos.

Una pregunta realizada por alguien puede ordenar algo que otra persona llevaba meses intentando comprender. Una explicación puede darle nombre a una experiencia que hasta ese momento parecía incomprensible. Y escuchar cómo otros piensan un problema puede permitirnos volver a nuestra propia situación con nuevas herramientas.

De eso se tratan nuestras charlas grupales:

crear un espacio para preguntar, aprender y pensar con otros.

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